UN CAMINO DE LUCHA Y ESFUERZO HASTA LOGRAR LA DIGNIDAD EN CALIDAD DE VIDA

 

Este relato forma parte del proyecto: «Los poetas sociales de nuestra América. Descubriendo la bella esperanza al estilo palautiano». Que son una serie de historias de vida, cargadas de sacrificio, esperanza, con sabor a fe; que el Equipo Provincial de Pastoral Social se encuentra trabajando durante este tiempo.

«Son las 4 de la tarde cuando comienza el desfile de trabajadores que caminan hacia los viveros cubiertos de plástico que protegen los tomates y pimientos criados para la media docena de propietarios que se instalaron en Puerto Viejo (Lavalle), en la ciudad de Goya, Corrientes (Argentina) atraídos por los suelos fértiles, el fácil acceso al agua y la falta de control de la misma por parte del Estado.La mayoría son adolescentes y jóvenes, algunos descalzos que llevan sobre la cabeza para protegerse del sol, los canastos con los que luego recogerán los tomates y pimientos durante 8 horas bajo el sopor de los tendaleros plásticos, manipulando sin guantes una cosecha fumigada con veneno que muchas veces les complica la respiración normal.
Estos jóvenes que trabajan en negro, forman parte de la industria que produce en esas condiciones el 22% de los tomates y pimientos que ingresan al Mercado Central de Buenos Aires y se distribuyen por todo el país.

Corría el año 2011 cuando nos encontramos con Salvador Arévalo un joven criado en un Instituto Juvenil donde aprendió a trabajar con Huerta Orgánica. Los días domingos por la tarde los jóvenes iban a jugar con los niños y niñas del Hogar San Vicente atendido por nuestras hermanas CMT, en Goya. Allí conoció a Eugenia una niña de su edad con quien comenzó un noviazgo que continuó hasta formar una familia ya mayores de edad y fuera de las Instituciones. Fueron a vivir a la casa de Don Arévalo padre de Salvador y de 11 hijos más. La vivienda está ubicada frente a la chacra donde el joven comienza a trabajar como jornalero . Una calle de tierra separa la fila de toldos de plástico donde se fumiga el tomate y los pimientos con venenos muy fuertes. Pasó el tiempo y Nicolás de 4 años, el más pequeño de los 3 hijos jugaba con su prima Celeste en un charco de agua que provenía de la chacra ya contaminada por el Agrotóxico Endosulfán que en pocas horas dio muerte al pequeño Nicolás y dejó enferma de por vida a Celeste.

El día del velatorio Infancia Robada se hizo presente para acompañar a la Familia y los vecinos con una Celebración Recuerdo que el papá ,sentado junto al cajón había colocado el libro de Huerta Orgánica con el cual aprendió a trabajar y cuidar el ecosistema. Lloraba porque a su hijo lo llevó el veneno que el propietario compraba y fumigaba a pesar de tantos síntomas de cáncer, falta de respiración normal, deformidades en los niños que nacían.

Sumando a ello un pueblo que debía silenciarse para poder comer. La muerte de Nicolás y la enfermedad con la que quedó su prima Celeste dividió a la familia de 11 hijos. Sólo 4 hermanos llevaron adelante el reclamo de Justicia. El resto son los que tuvieron que pagar el precio del silencio para poder conservar el trabajo en las tomateras. La falta de sensibilidad ante el dolor y la orfandad que comenzó a vivir la Familia de Nicolás culminó cuando Salvador fue despedido de su trabajo y perdiera también la olla diaria de comida que recibía para su familia. Infancia Robada acompañó y ayudó en la lucha en reclamo de Justicia aún no lograda después de 9 años. Hubo que acompañar a la familia. Que debieron mudarse; reduciendo su espacio habitacional a una lonja de terreno que le fue cedido para construir el rancho y buscar qué podrían cultivar en la pequeña porción de tierra que le quedaba. En este nuevo peregrinar, Salvador se dedicaba a la construcción del Rancho y después de preguntar y deliberar posibilidades. Eugenia decidió dedicarse a cultivar flores de
estación en el pedazo de tierra. Con el tiempo y socializando con su vecindario vio la posibilidad de llevar sus flores para vender en Santa Lucía y Goya. a 15 Km. de distancia. La clientela se iba sumando y compraban flores para arreglo de Iglesias en los Casamientos, Misas de15 años. Bautismos, Aniversarios etc.

Me conmueve recordar y escribir esta Historia real de dos jóvenes que huérfanos de sus Hogares biológicos fueron criados y educados por Instituciones que los formaron honestos y trabajadores llenos de valores positivos que en medio de tanta lucha en el CAMINO DE LA VIDA pudieron hacer frente hasta lograr la Paz y la Felicidad que desearon construir desde la Fuerza de la Fe el Amor y la Esperanza que Dios alimentó en ellos».