En la primera lectura (Jr 20, 7-9) vemos a Jeremías quejarse pues  el creerle a Dios y el  anunciar su mensaje le  ha traído problemas, burlas, desprecios,  incomprensiones y experiencias “humanamente muy difíciles”.  Si en lugar de Jeremías ponemos nuestro nombre: Isabel, Juan, Luz, Mario, el tuyo… ¿Cuáles son las experiencias “humanamente difíciles” que te ha traído el creer en Cristo, el seguirlo, el hablar abiertamente de tu fe? ¿Qué consecuencias te ha traído el anunciar abiertamente  tu fe en Cristo ?

Cuando seguir a Cristo, vivir según su Evangelio y el estilo que nos presenta se hacen difíciles,   cuando eso trae risas solapadas de mis amigos más cercanos, compañeros de trabajo e incluso de mi familia, cuando por todo eso queremos “tirar la toalla” y ya sólo vivir como si no conociéramos a Jesús, entonces hay que dejarse mover por ese “fuego ardiente dentro de los huesos” del que habla Jeremías,  por esa motivación profunda que nos viene de muy dentro de nosotros mismos, por esa certeza que mientras más la escondemos más se hace presente, porque entonces, y sólo entonces,  es que Dios nos ha seducido, nos ha robado el corazón y ya no podemos ignorarlo.  Y si bien es cierto,  hay momentos de desaliento y no siempre somos dóciles a esta fuerza y certeza interior, también es cierto que en nuestra existencia se da una especie de cadencia espiritual y vital: lo sigo, tengo paz y gozo, hay dolor “social” por las consecuencias de mi seguimiento, me rebelo, me canso, me alejo…y luego nuevamente el fuego ardiente me recuerda que hay un Camino esperándome, un estilo por encarnar.

Nunca ha sido fácil -nunca lo será- amar y seguir a Cristo, porque Él y su Reino van contracorriente.

En su tiempo Jesús rompió todas las reglas:  curó en sábado, tocó, sanó y habló con mujeres, abrazo los niños, comió con publicanos y pecadores, echó los comerciantes del Templo, puso en su lugar a los maestros de la Ley  llamándolos hipócritas y sepulcros blanqueados,  les habló de un Mesías que tenía que padecer…

También para nosotros hoy, seguidores de Jesús, es un tiempo de tener coraje y valentía, también a nosotros hoy nos toca  “romper las reglas” hablando a favor de la vida, la familia, una economía de solidaridad, la urgencia de cuidar nuestro planeta.

También a nosotros hoy se nos pide tener la valentía de gritarle al mundo que hemos desfigurado el amor con erotismo y  hemos hecho del otro un objeto de placer;  decirle a todos que nos hemos olvidado  del amor al estilo de Jesús, hecho de autodonación y gratuidad, y hemos puesto en su lugar una búsqueda egoísta de placer, donde lo importante no es la felicidad del otro sino lo que él o ella me pueda hacer sentir.

También hoy el Señor nos dice como a Pedro “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt 16,21-27)

¿Estamos dispuestos? ¿Estoy dispuesta? ¿Nos estamos dejando seducir por el Señor?

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