Dice el evangelio de hoy que el discípulo “vio las vendas en el suelo y el sudario…y creyó”

Un refrán popular dice “Ver para creer”. Hoy es un día para creer, para reafirmar nuestra fe en Cristo vivo, para abrir muy bien los ojos y el corazón y así descubrir las señales- las vendas y sudarios-  que nos muestran la vida nueva que trae Cristo que se asoma por todas partes. En medio de las sombras y dolores que nos rodean…las víctimas de Bruselas, los estudiantes muertos en Kenya en Jueves Santo, la aprobación de la ley de aborto en la cámara de diputados y otras cosas que sabemos…hay mucha vida brotando, surgiendo con fuerza y constancia, fecundando la humanidad, sosteniendo la esperanza de muchos, animando el cansancio de otros, fortaleciendo los frágiles, hay muchas  manifestaciones de la Vida Abundante que Cristo Resucitado regala al mundo, a la historia, a nuestra propia historia.

Simplemente basta repasar las obras de misericordia y ver cuánta gente conocemos que están dando de comer al que tiene hambre, de beber al sediento, acogiendo al peregrino o a quien no tiene donde vivir,  vistiendo al que no tiene qué ponerse, visitando algún enfermo y a alguien que se encuentra en la cárcel,  enterrar a los muertos y acompañando a quienes han perdido un ser querido. También podemos traer a la memoria y el corazón esas personas que hoy se están preocupando de  enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que se equivoca, perdonar al que los ofende, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos de prójimo, orar  a Dios por los vivos y los difuntos. Ellos manifiestan con su actuar la Vida nueva de Jesús resucitado.

La Resurrección de Cristo fue un momento glorioso de la humanidad, un momento que nunca ha cesado de dar frutos y un momento que sigue prolongándose a los largo de la historia en el actuar de todos aquellos que por amor  lo siguen y continúan su misión en el tiempo.

Al discípulo le bastó “abrir los ojos de la fe” para darse cuenta que detrás de las vendas y el sudario había una verdad maravillosa: Cristo estaba vivo, había resucitado. Hoy, a nosotros nos basta  “abrir los ojos de la fe” para darnos cuenta que detrás de cada una de las  obras de misericordia realizadas con nuestros hermanos y hermanas, se esconde esa realidad maravillosa que le da sentido a todo: Cristo está vivo y quiere que todos vivamos…

Feliz Pascua 2016 porque Jesús está vivo  y sigue vivificando el mundo y el corazón humano.

VIVE

Imprimir