Era forastero y me hospedaste,

ero forestiero e mi avete ospitato,

I was a stranger and you welcomed me.

Mt 25,35

Estas palabras bíblicas resuenan con más intensidad en lo profundo del corazón cuando se experimenta la lejanía de la propia patria. Muchos hemos tenido esta experiencia de vivir lejos de la tierra y el cielo que nos vio nacer. Pero no todos hemos tenido las mismas razones de salir hacia otros países: unos turismo, otros por negocio, otros porque es parte de la vida misionera, pero existe un grupo especialmente grande que emigra obligado por las circunstancias adversas de sus lugares de origen como la pobreza, la guerra, la persecución, la violencia, el deseo de tener una mejor calidad de vida, etc.
Una parte de este ENORME GRUPO son los que emigran para trabajar, en Canadá tenemos los llamados trabajadores temporales (en su mayoría varones, aunque también hay mujeres) que son contratados desde 6 meses hasta 2 años para diferentes trabajos en Canadá especialmente en las granjas cuidando ganado, trabajando en invernaderos de jitomate, pimiento, plantas de hornato, etc. Las personas son contratadas de diferentes países, como Guatemala, México, Jamaica, China, Filipinas…
Ciertamente vienen con documentos, tienen un sueldo y cada uno de los dueños de las granjas que los contrató les proporciona un lugar donde vivir. Aunque es una realidad migratoria en cierto sentido confortable hay historias de separación familiar, soledad, exceso de trabajo (algunos 10, 12 ó 14 horas), problemas de alcohol y otras circunstancias de vulnerabilidad.
Ante esta situación desde hace un año y medio se está trabajando con más ahínco en el ministerio de los trabajadores temporales (Migrant Ministry) como lo llamamos aquí. Desde nuestra Parroquia Our Lady of Sorrows en comunicación con las Arquidiócesis y otras parroquias.
Como Iglesia de comunión, en Vancouver estamos llamados a crear lazos de cercanía y acogida con los trabajadores temporales que buscan manos amigas que hagan más ligera la separación de su familia, amigos, de su patria y cultura. Intentamos ser para ellos su familia en Canadá, celebramos la Eucaristía, los visitamos en sus granjas, comemos con ellos en fraternidad y les llevamos la palabra de Dios a través de un programa de evangelización y rezando el rosario. Nuestro primer llamado es recordarles la presencia y el amor de Dios en sus vidas que se hace palpable a través de la caridad y cercanía de todos los que trabajamos en esta pastoral.
Nosotras como Carmelitas Misioneras Teresianas tenemos un llamado de ser presencia viva de Dios donde la Iglesia clama y ésta realidad con la Iglesia migrante está clamando nuestro servicio. Trabajamos en equipo junto con los Padres Scalabrinianos y un gran número de laicos pues está Pastoral es enorme ya que la mies es mucha… Gracias a todos en esta Pastoral hay semillas de esperanza, cercanía y fraternidad para todos los hermanos que trabajan temporalmente en Canadá, especialmente en nuestra extensa zona que abarca Vancouver, Ladner, Langley, Abbotsford, Maple Rigde, Cloverdale, Surrey, Richmond.
Intentamos como Francisco Palau crear comunión con todos, sentido de famila, especialmente con la Iglesia más necesitada. Comunión que no se detiene ante razas, lengua, cultura ni religión.

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