1926736_10151850015376105_497775442_nEn el pasado taller de las moradas participó Cecilia Perez, teóloga de Concepción, que pertenece al CEP (Centro de Espiritualidad Palautiana) de la Semiprovincia.

Ella nos quiere compartir con sencillez y profundidad su experiencia de amor, de Dios, de Iglesia esos días de gracia y de conversión en su vida. A continuación les dejamos con su testimonio:

En la segunda semana de febrero un grupo de laicos hemos compartido una experiencia que seguramente marcó los corazones de quienes asistimos al “Taller de las Moradas” en Auco. Si bien todos los convocados somos cristianos, el hecho de ahondar en nuestro ser interior a manos de Santa Teresa de Ávila y “el castillo interior” no es una experiencia usual.

Mi nombre es Cecilia, y quiero compartir contigo la experiencia de Dios en mí…

Dios nos habla muchas veces y de distintas maneras, y durante mis vacaciones cimentó un nuevo camino para mí, y ¡claro! me habló. Gracias a éste encuentro puedo decir que “aprendí algo ya antes aprendido, pero jamás comprendido”, y es que Teresa desde su maravillosa mística contribuyó para que yo pudiera “re-aprender”, “re-encantarme”, “re-conocerme” y “RE-CONOCER A DIOS EN MÍ”. Y esto fue lo que asimilé…

Muero por que no muero, una frase que muchas veces hemos leído, incluido en nuestras oraciones e incluso la hemos cantado, sin embargo sólo después de haber ahondado en el pensamiento de Teresa la he logrado comprender. Es tan simple pero a la vez tan potente el mensaje que contiene ésta invitación, que a mí parecer resume perfectamente el pensamiento de la santa e interpreta totalmente el deseo de cada cristiano.

“Muero porque no muero” me invita a reconocerme como hijo del Padre, estar alerta detectando mis falencias y así permitir que Dios actúe, pues luego de mirarme me daré cuenta… “ey!! Cristo verdaderamente vive en mí, y además lo puedo sentir… sólo debo visitar mi interior, ¡y ahí está!”. ¿Cuánto lo trato de evitar?, pongo por sobre su amor mis perspectivas; vive en mí y lo ignoro porque cuesta tanto abandonar mis anhelos, mis vanidades e intenciones; ¿por qué evito el confiarme sinceramente en Él sí sólo así alcanzaré mi verdadero anhelo, que es ser feliz?. Me paso la vida predicando su amor y su huella pero en realidad no le doy espacio en  mi vida o tan sólo a medias.

Teresa muere si no muere, ¿y yo?… porque para poder vivir debo morir, morir al orgullo, al egoísmo, la mentira, el ego, morir al pecado. La vida verdadera sólo la podemos vivir si morimos para vivir, debemos abandonarnos a Dios, confiarnos en Él, revivir esa plena confianza que experimentamos cuando niños con nuestros padres en donde sólo podemos avanzar si nos sentimos seguros de que papá y mamá estarán ahí para cuidarnos, el abandono de mí para estar pleno en alguien más, y ese alguien es Dios… muere mi corazón si no muere mi ego, el pecado debe morir en mí para al fin vivir mi ser, vivir en Dios.

Y sólo cuando reconozca que Dios habita en mí, sólo ahí podré amar verdaderamente al prójimo, porque al igual que yo es su hijo, porque igual como en mí, Dios habita en todos ustedes, y si amo a Dios, los amo también a ustedes… a ti lector.

Ser aprendiz, no victima, cada persona vive sus dolores, penas y angustias de distinta manera y muchas veces éstas nos consumen ya que nos centramos en nosotros mismos, el Yo, y de ahí sólo sacamos más y más dolor, “¿por qué a mí?, no merezco esto, ¿por qué me hacen tanto daño?”, etc. Ante esto la hermana Fernanda cuenta que Teresa invita a aprender de cada situación que nos acurre, ya que con ésta actitud la vida se ve positiva, “¿por qué ocurre esto? ¿qué aprenderé? ¿para qué servirá esto en mi vida?”, de lo contrario sólo seguiré ahogada en mis penas y me costará aún más ser feliz. En cada vivencia Dios nos habla y nos da respuestas, ¡aprendamos a reconocerle!.

En estas dos frases que en realidad son dos invitaciones de Santa Teresa de Ávila resumo mi experiencia, pues estas enseñanzas las viví en cada reflexión personal, en cada oración y en cada compartir con mis prójimos en el taller. Y ahora viene el proceso más difícil… tatuar este aprendizaje en el corazón para que día a día dé real testimonio de fe y amor a la iglesia de Dios (conversión, oración, reflexión y práctica).

Sólo queda agradecer a mis queridas Carmelitas Misioneras Teresianas por tan maravilloso regalo que Dios quiso que nos entregaran”.

Fraternalmente en Cristo

Cecilia 

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