V DOMINGO PASCUA.

Mi CORAZÓN FUE FABRICADO, POR LA MANO DE DIOS, PARA AMAR Y SER AMADO Y SOLO VIVE DE AMOR. P. Palau.

Cuando salió, dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto. Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros».

Ante la palabra mandamiento, nos podría resultar una orden, una obligación ante un imperativo de Jesús que nos manda amar, sin embargo viviendo de un Dios que es amor, Jesús hace consciente en nosotros esa necesidad tan grande amar y ser amado.

El evangelio del día de hoy nos sitúa en la última cena, momento íntimo y esencial en la que el Señor nos regala el mandamiento más importante de todos: AMARÁS. Soy consciente de que el verbo AMAR, es sinónimo de CUIDAR. “Cuida tu de mí, que yo cuidaré de ti” Carta 42. Reviso en qué medida me cuido, y cuido a las personas que me rodean ( Iglesia).

El hombre vive para amar y ser amado, nos comparte en su experiencia más profunda el P. Palau, dicho de otra forma, el hombre se realiza a sí mismo precisamente amando, dando y recibiendo amor. Por tanto, el precepto del amor es muy cercano a nuestro modo de ser; necesitamos amar, y Cristo lo único que hace es evidenciar con claridad esa exigencia profunda de nuestro ser.

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