Entre el Padre y el Hijo, destaca “la” Espíritu Santo (Iglesia de Urschalling)

TIERRAS DEL ESPÍRITU

En la solemnidad de Pentecostés recordamos la experiencia de nuestro fundador en torno al Espíritu Santo.  «La cabeza de tu Amada -la Iglesia- es Cristo. El Padre es el principio de donde procede. El Hijo es su Cabeza. El Espíritu Santo es el alma que la vivifica. La Trinidad ha impreso en ella su imagen, y es bella como Dios. amable como la divinidad. Es una en Dios trino y uno» (MR 10,6).

Podemos profundizar en esta experiencia a través de sus textos y de diversos artículos. Francisco Palau y el Espíritu Santo, E.S., alma de la Iglesia, … y podemos dejarnos levantar el vuelo con su presencia, “el Espíritu Santo, con la infusión de su gracia, de sus dones y de las virtudes, le da el vuelo y le pone en marcha hacia el objeto de su felicidad” (PP II, 1444).

Abriendo nuestro horizonte les invitamos en particular a leer este artículo de opinión de Mariola López Villanueva, rscj publicado en Revista Sal Terrae Nº 97 (2009), Pág 617-627, posteado en diversos medios, que estos días recorre nuestros grupos de watsap: Tierras del Espíritu

Las tierras del Espíritu que albergan miles de nombres. Se llaman esperanza…, se llaman amada paz… Se llaman libertad…. Toman el nombre de justicia…. Se llaman belleza, porque todo lo creado es bueno y precioso…; y se llaman siempre humanidad.

Para descargar el artículo completo: TIERRAS DEL ESPÍRITU

 

Nota sobre la imagen que nos acompaña:

Hay un antiguo icono medieval, una pintura muy interesante que se encuentra en una Iglesia de Urschalling, en Alemania, que representa a la Trinidad, donde el Espíritu, entre las figuras masculinas del Padre y el Hijo, es representado con un rostro y un cuerpo de mujer. La Ruah, en hebreo, el aliento que posibilita la existencia, el suelo de todo lo que vive, es un término femenino: la Espíritu.  Resulta significativo que la raíz antigua de donde proviene el término Ruah dé origen a otros dos sustantivos: Rewah (la distancia) y Reah (el espacio lleno de perfume) – en Tierras del Espíritu, pág. 4-