Valentina Sánchez Contreras, es una joven chilena de la localidad de Quilpué (Valparaíso-Chile), católica y con un amplio sentido social y crítico de la sociedad.

Desde temprana edad demostró interés por múltiples zonas del conocimiento, lo que la llevó a participar durante su enseñanza media (segundaria) en el programa BETA-PUCV para Buenos Estudiantes con Talento Académico.

Por este tiempo, también comenzó su interés por su ser espiritual, que la ha llevado a participar en diferentes instancias juveniles de las parroquias de Quilpué y Viña del Mar.

Destaca su sensibilidad hacia el arte, especialmente el baile, realizando estudios en esta área, especialmente en folklore chileno y latinoamericano.

Ingresa a realizar estudios de pedagogía en Historia, Geografía y Ciencias Sociales en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (Valparaíso-Chile); tras lo cual desarrolla docencia en diferentes colegios de la región.

Desarrolla estudios de Danza en la Academia del Ballet Folclórico Nacional (BAFONA) y ha participado bailando en el Ballet Folklórico de Viña del Mar (BAFOVI) y en la Agrupación de baile caporal “Reales Brillantes” Filial Valparaíso, desde donde recorrió los carnavales de la zona andina como los de Arica (Arica y Parinacota-Chile) y Puno (Puno-Perú) donde se le rinde tributo a la Virgen de la Candelaria o “la mamita”. También es bailarina de Cueca, baile nacional chileno, y ha desarrollado talleres en relación con baile, específicamente a niños y niñas con discapacidad.

Con un marcado cuestionamiento social, su pensamiento se enmarca en la generación “Millennials”; demostrando interés por las causas sociales, paridad de género, ecología, equidad social, lucha por la igualdad y vida saludable.

Actualmente desarrolla funciones de tutora educativa para jóvenes infractores de ley de la región de Valparaíso; dónde busca evitar la deserción escolar y promueve la inserción social de la población juvenil en conflictos con la ley.

LA CHINITA DEL CARMEN: OASIS EN EL DESIERTO SEDIENTO DE DIOS

 

El jueves 16 de julio se celebró la solemnidad de la Virgen del Carmen y cada año en el pequeño pueblo de La Tirana, en la región de Tarapacá-Chile, las calles se llenan de música y de danza, de alegría y devoción. En el actual contexto de pandemia la celebración no se llevará a cabo y las calles no se llenarán de gente, pero los devotos de la mamita, de la chinita, conmemorarán desde sus hogares a la patrona de Chile, pidiendo algún favor o agradeciendo algún otro concedido. 

Hoy quisiera escribir, con la intensión de transmitir la devoción popular que dicha fiesta revela, y de cómo la virgen del Carmen está presente a lo largo de la historia de América, y especificamente de mi país, hasta nuestros días, mezclando tradiciones andinas con creencias católicas, siendo madre para quienes con amor han acudido a ella en búsqueda de protección, de consuelo o de fuerza con esperanza y con amor. 

La Virgen del Carmen es una figura clave en la historia de América Latina. En el caso de Chile está presente desde sus orígenes como país independiente, pues los patriotas confiaron a ella la protección y la fortaleza para derrotar a las fuerzas realistas y lograr la independencia de la metropóli española.

Si bien los orígenes de “la carmelita” se remontan a la Europa del siglo XII; a un grupo los antiguos monjes ermitaños llamados carmelitas los cuales en medio de su vida ascética, la virgen se les manifiesta entregándole a uno de ellos, en sus manos, su hábito y un escapulario. Es esta misma advocación la que llega a esta zona de América con los conquistadores hispánicos, arraigándose en el altiplano y luego en los valles del sur.

Su imagen que en primera instancia puede resultar ajena y de incorporación forzosa para los pueblos originarios del continente, se va transformando, de la mano del mestizaje, en una figura de protección, de maternidad para los habitantes de América. Esta figura unida a un profundo sincretismo con las tradiciones ya presentes en el territorio andino provocaron que la Virgen del Carmen sea importante para el mundo del desierto pampeano, especialmente en Chile, tanto del pasado como del presente. 

Si nos situamos en tiempos de la independencia americana, las fuerzas patriotas independentistas encabezadas por Bernardo O´Higgins, prócer chileno, sintieron la necesidad y el deseo de encomendar su suerte a alguna figura que les ayudase a lograr la victoria del Ejército Libertador. En 1817 O´Higgins decide proclamar a la virgen del Carmen como patrona generalísima de las armas en Chile, antes de la batalla de Chacabuco, batalla clave para la independencia. Desde ese entonces, la devoción mariana no paró de crecer. Se volvió parte de la cultura, idiosincracia y patriotismo chileno a través del ejército que nuevamente encomendó su victoria en la guerra del pacífico. 

Este sentimiento de amor y devoción a la Virgen del Carmen se afianzó cuando en 1923 se protocolariza la veneración con el papa Pío XI, quien nombra a la Virgen del Carmen patrona de Chile.

Es así, que la Señora del Carmen siempre ha estado vinculada en la historia de Chile por su fuerte relación con el ejército chileno, siendo nombrada incluso “generala”.

Sin embargo, quisiera desde ahora reflexionar más profundamente en torno a por qué es relevante su figura para la sociedad chilena y latinoamericana en general, para el ciudadano común y corriente, para el sector popular, para aquellos “patipelados” (en jerga chilena: personas pobres de a pie) que año tras año gastan lo que no tienen en preparar sus trajes, en bordar lentejuela por lentejuela, en bailar día y noche durante siete dias para la “mamita,” con sus corazones y su fe puesta en ella. Para esto, primero es necesario entender cómo surge la veneración de la Virgen del Carmen en La Tirana.

Los orígenes de la fiesta de La Tirana se remontan a una leyenda que data de 1535, cuando Diego de Almagro salió del Cuzco hacia Chile. Cuentan que en la comitiva iba el príncipe de los Incas, Huillac Huma, último sacerdote del extinguido culto del sol, y su joven y bella hija, ñusta Huillac, que componían la expedición en calidad de prisioneros y rehenes para conservar la sumisión de los miles de indios que los acompañaban. Cuando el ejército avanzaba cerca de Pica (Tarapacá-Chile), la joven huyó, seguida de su padre y otros servidores, al bosque de Tamarugos (unico “arbol” del desierto), hoy llamado Pampa del Tamarugal. Durante cuatro años trataron de defender la causa de su pueblo, la ñusta fue temida por sus enemigos y conocida con el nombre de la bella “Tirana del Tamarugal”. Un día llegó ante la joven un extranjero apresado por ellos, que dijo llamarse Vasco de Almeida, quien andaba en busca de la “Mina del sol”.

El destino quiso que ambos se enamoraran y antes de su ejecución, éste la había convencido para que se bautizara, y así al morir, renacerían en el más allá y sus almas vivirían siempre unidas. Ella accedió y en los momentos en que Almeida bautizaba a la joven, sus seguidores se sintieron traicionados y dispararon sobre ellos.

Esta leyenda se une a los orígenes de la virgen de La Tirana en sí, lo cual data de años antes de que Pedro de Valdivia llegase a Chile, según se sabe en dicho territorio ya se encontraba el primer templo mariano activo del país dedicado a la virgen del Carmen. La mezcla de la leyenda indígena y la veneración a la virgen hacen del pequeño pueblo de La Tirana un espacio muy especial de veneración y devoción. La festividad del 16 de julio se celebra con la presencia de cofradías de danza, con fuerte influencia andina y en compañía de visitantes no solo nacionales sino de Perú y Bolivia. 

Los fieles que se congregan llevan a esta fiesta su historia, su herencia mestiza, a veces en conflicto y otras como creadora de nuevas formas de acercarse a lo absoluto de la divinidad. Llevan consigo sus historias personales, sus pesares y alegrías, sus preocupaciones y temores, llevan consigo sus carencias pero también todo su amor y fe. En la fiesta de la Tirana no se celebra a la Virgen del Carmen por ser patrona de Chile, sino por ser una madre cercana, que escucha, que cumple, que recibe con los brazos abiertos las ofrendas expresadas en música, en danza, en cada brillo y detalle de cada traje. La virgen del Carmen es patrona de nuestro país desde lo institucional, desde la importancia en la historia del país ligada al ejército chileno, pero es madre de Chile por mucho más que eso, porque para todos los devotos de la Tirana; la Chinita del Carmen representa la esperanza de un futuro mejor, la confianza y el consuelo en los problemas que día a día enfrentamos. Es fuerza y refugio, y sobretodo es amor de Dios. 

El danzante llega con alegría y humildad, con su traje preparado durante todo un año, con su cuerpo y alma dispuestos exclusivamente para la mamita durante su fiesta. No hay sed ni cansancio en el cálido desierto. Los pies cansados y con heridas de tanto danzar no sienten dolor, pues la emoción que genera estar frente a la virgen aunque sea por un instante al pasar por el templo, cura cualquier herida que pudiese existir en el cuerpo o en el corazón, se sabe que es solo una imagen pero es la experiencia de reconocerla como hermana y madre la que conmociona.

Es el simbolismo de los diablos (danzantes vestidos de ellos) que se inclinan ante la Virgen, la proyección de que el bien vence a todo mal.

Por un instante en el año, cada danzante siente que se conecta con Dios con todo su ser, que se entrega por completo y a corazón abierto. La música llena a un pueblo que durante todo el año espera en silencio la celebración a su madre.

Ella, la virgen, parece esperar con calma y paciencia la visita de sus hijos año a año para abrazarlos, para cumplir sus promesas, para recibir todo el amor que tienen que entregar con su música y su danza. Sin embargo, este es un año diferente, la pandemia nos tiene encerrados en nuestros hogares, sin posibilidad de peregrinar a su templo en el pueblo de La Tirana. Pero eso no quita que como siempre en su día la celebremos con el amor y la alegría de hijos que confían y aman, que agradecen su compañía en los días oscuros como estos y con lo más bello que tenemos, con la música y la danza, incluso desde cada hogar.

¡Te entregamos todo nuestro corazón, confiando como siempre en ti y en tu infinito amor Chinita del Carmen! ¡Reina del Tamarugal!

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