QUINTO DOMINGO DE CUARESMA

Hoy la liturgia nos pone cara a cara con el Dios de la vida, el Dios que es capaz de liberarnos de nuestros desiertos, nuestras tumbas,  nuestras situaciones de muerte, desesperanza, opresión y dolor (Ezequiel 37,12-14); el Dios que es fiel, que no es indiferente, el que interviene por amor en esos momentos y situaciones que ya no esperamos un cambio, en que nos sentimos como atrapados debajo de la tierra,   en que como Marta en el evangelio, le reclamamos al Señor “Si tu hubieras estado aquí mi hermano no hubiese muerto” (Juan 11,3-7. 17-27. 33b-45).

Todos llevamos dentro momentos y experiencias como ésta, situaciones en que nos hemos dado por vencidos, en que nos “resignamos”  a vivir en un sepulcro frío y oscuro, situaciones como la de Marta, en que razonamos con criterios meramente humanos y cuando el Señor quiere intervenir con su amor le decimos «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días muerto», que es lo mismo que decirle “yo entiendo que ya no se puede hacer nada, que ya no hay retorno, que las cosas son así, que la vida es así, que tengo que aprender a vivir con esto, que Dios me va a consolar” y escogemos resignarnos en la situación de muerte en lugar de  “creer en el poder de vida de  Dios, confiar en que nada es imposible para Él, esperar en su poder liberador, sanador, salvador”.  Pero hoy Jesús no dice con amor, mirándonos a los ojos, con voz firme y dulce «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

En este quinto domingo de cuaresma, acojamos la invitación  a la fe y la esperanza. Dios es fiel, Dios nos ama y con ternura con promete “los haré salir de sus sepulcros, pueblo mío”. Espera en mi fidelidad.

Dios nos conoce, por eso nos recuerda que “Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no están sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en ustedes”. Cree en mi poder

Dios nos ama por eso nos dice “Sal fuera”… Sal fuera de tus situaciones de muerte, confía en mi amor y mi poder, levántate y sal… Confía en mi amor.

Dios nos envía en misión  y  frente a cada hermano que veamos atrapado nos pide “Desátalo para que pueda caminar”. Cooperemos con Él.

Esperemos en su fidelidad, creamos en su poder, confiemos en su amor, cooperemos con Él  y “veremos la gloria de Dios”.

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