DOMINGO 12 DEL TIEMPO COMÚN

Hoy vemos a  Jesús preguntando a sus discípulos ¡Quién doce la gente que soy yo? Y luego de escuchar su respuesta, les vuelve a preguntar ¿Y quién dicen ustedes que soy yo?

Esta es una pregunta que también nos hace a nosotros. Y más allá de las muchas palabras que digamos para intentar dar una respuesta, lo real es que lo que decimos sobre Jesús, más que con las palabras lo decimos con la vida. O al menos, lo que la gente sobre lo que digamos sobre Jesús, lo entiende más a partir de nuestras actitudes y hechos que de las palabras que podamos decir.

Si busco a Dios porque me da suerte o porque puede hacer que en mi vida pasen sólo cosas buenas, entonces digo que Él es una especie de amuleto.

Si lo busco sólo cuando tengo problemas o dolores o situaciones que no pudo resolver sin acordarme ni buscarlo en otros momentos, pues estoy diciendo que para mi es un solucionador de problemas.

Si voy a  su encuentro como por inercia, porque así me lo enseñaron en mi familia, aunque esos encuentros no produzcan mucho cambio o sean significativos en mi vida, entones estoy diciendo que Él es sólo  una Tradición.

Si reclamo porque pone límites a lo que la sociedad me ofrece, muestra o reclama, entonces muestro que mi Dios es un amo y no un Padre.

Si hago comentarios como “tengo que cumplir con la misa del domingo “ o  “Debo hacer  tal o cual acción buena”, muestro aun Dios exigente que me infunde temor.

Y podríamos seguir con una larga lista de posibles respuestas que mi vida puede dar.

Este domingo es una buena oportunidad para preguntarnos acerca de quién es el Jesús que anuncia mi vida.

Mis palabras, actitudes, manera de resolver problemas, metas, opciones, modos de relacionarme, ¿Qué Jesús proclaman, muestran y anuncian? Cuando los demás me ven vivir, ¿Qué Jesús descubren? ¿Quién o cómo es el Jesús que encuentran los otros en mí?

Qué puede decirle tu vida a Jesús  cuando hoy te pregunta ¿Y tú, quién dices que soy yo?

 

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