Miriam_Anselm-Friedrich-Feuerbach1En la experiencia eclesial de F. Palau Quer las mujeres bíblicas han tenido gran importancia. En sus escritos las encontramos con frecuencia. Son ellas las que le van desvelando el misterio de la Iglesia progresivamente. Los textos bíblicos donde aparecen las mujeres son objeto de meditación, reflexión y oración. Cada una de ellas le habla de su Amada. A través de ellas va descubriendo y describiendo a la Iglesia, «Dios y los prójimos», en sus dimensiones de maternidad, virginidad y esponsalidad. 

Sin embargo, al ir al encuentro de estas mujeres hemos de tener en cuenta que los textos de la Biblia no nos presentan una historia tal como hoy la entendemos. Se trata más bien de la reflexión teológica sobre los acontecimientos que ha vivido el pueblo. El escritor sagrado mira hacia atrás para descubrir el paso de Dios en la historia de su pueblo.

Aunque la mujer no es la protagonista cuantitativa de esa historia, sabe, llevada por los acontecimientos, hacerse sentir. No se trata de que se le otorgue un espacio, ella lo busca, lo toma, la historia misma se lo proporciona.

En los tiempos de la colonización de la tierra prometida, la mujer tenía un papel importante, trabajabala tierra codo a codo con el varón. Era valorada por su capacidad de dar vida, lo cual repercutía en potenciar el clan. Se daba importancia a su condición de esposa y madre, se alababa y se reconocía su importancia como ama de casa, incluso se aceptaba el que hubiera mujeres sabias y profetisas. El pueblo guarda con cariño, en su memoria, el recuerdo de las heroínas del Antiguo Testamento.mujeres2

La situación de la mujer en la sociedad judía está marcada por la cultura patriarcal y por un creciente machismo, que tendrá unas consecuencias alienantes para la mujer, las cuales serán refrendadas por la ley judía. Su situación es de desventaja frente a instituciones como la poligamia y el divorcio. Es tratada como una menor de edad, como propiedad masculina. La ley le concede más deberes que derechos, por ejemplo no podía recibir educación.  Su espacio por excelencia es la casa, donde debe estar prácticamente recluida, es más, se la excluye del culto y con ello se le niega la posibilidad de acceder a Dios. Ésta es la situación en que Jesús encuentra a las mujeres, él les devolverá su dignidad, les reconocerá su valor como personas capaces de recibir instrucción, de protagonismo en el ámbito religioso, las aceptará en el grupo de discípulos y las llamará a ser apóstoles de los apóstoles.  Sin embargo, la Iglesia primitiva se verá de alguna manera influenciada por el judaísmo, dará pasos atrás en su manera de ver a la mujer, tanto es así que hasta hoy podemos apreciar sussecuelas.

La mujer en la Biblia emerge desde la oscuridad y el silencio, a los que se ve sometida, para hablarnos del Dios de la Salvación y la bendición.

La presencia de las mujeres bíblicas es un elemento importante en el pensamiento eclesial de Palau. Las encontramos en casi todos sus libros, aunque no siempre tienen un significado eclesial. Así ocurre con la Pitonisa de Endor o Safira, auténticas personificaciones del mal (Cf. EL ERMITAÑO, “La magia”, en El Ermitaño nº 54 del 11.11.1869, 1).

Palau se relaciona con la Iglesia como con una «persona» y en su caso específico, esa persona es una mujer. La llama Raquel, Sara, Amada, Judit, Débora. Presentaremos a cada una de esas ocho mujeres según el mismo orden en que aparecen en la Biblia.

Palau presenta a la Iglesia bajo la figura de una mujer. En algunas ocasiones la mujer tiene nombre propio y en otras es sólo una mujer o la Mujer. Uno de los textos claves para una adecuada interpretación del uso de la tipología femenina se encuentra en Mis Relaciones. Se trata de unos principios filosóficos y teológicos en los que se advierte la doctrina de Santo Tomás: La fe católica, radiando sobre nuestra alma, descubre a nuestro entendimiento activo el objeto de nuestro amor. Dice la ley: «Amarás a Dios, amarás a tus prójimos». Dios-hombre forma como cabeza un cuerpo moral con los prójimos, y este cuerpo moral es la Iglesia: la Iglesia, pues, es la cosa amada. La Iglesia es, en parte, invisible. Y siendo un cuerpo moral invisible al ojo mortal, no puede concebirse por nuest
ro entendimiento sino mirándola en una cosa singular; de ahí es el presentárnosla bajo la figura de una mujer. La Iglesia es una realidad, y la Mujer (María) otra realidad; y ésta, desde que el entendimiento activo la concibe, forma y figura, queda esta forma, figura o concepto impreso en el entendimiento pasivo. En esta figura o sombra ve el entendimiento activo a María, Madre de Dios, a Rebeca, Ester, etc., en estas mujeres a la Iglesia
( MR 114-115, 320-321).

La definicmujeres4ión que dade la Iglesia tiene como fondo el texto bíblico Amarás al Señor, tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mt 22,37-39; cf. Dt 6,5). Palau define la Iglesia como un cuerpo moral,en parte visible y en parte invisible. Se detiene en su aspecto invisible ¿cómo ver lo invisible? ¿cómo imaginarlo? Ante la dificultad de expresar el misterio, acude al recurso de la mujer como posible tipología de la Iglesia. Según Palau, una  realidad concreta como la mujer puede ayudar en la comprensión de otra realidad, en este caso el misterio de la Iglesia. Es un proceso que se da a nivel de entendimiento activo a través de la abstracción. Así, la idea que tenemos de una mujer puede servirpara «ver» el misterio de la Iglesia.

CONCLUSIÓN

La Mujer en la Biblia aparece con una función real y simbólica. Eva, se nos presenta como una figura que es identificada con la vida, con la sabiduría. Sin duda, es un nuevo rostro. Lentamente, va quedando atrás esa figura oscura y culpable de todos los males del mundo. La nueva exégesis tiende a ver en ella a la iniciadora del proceso de humanización. Raquel, la única matriarca que hemos tratado, se nos presenta no como un mero adorno al lado de Jacob, sino compartiendo con éste la lucha y las pruebas en la construcción del pueblo de Israel.

La Sagr
ada Escritura también nos ha facilitado el encuentro con figuras como Sara de Ragüel, Débora y Judit. Figuras singulares, que como las anteriores, dejan entrever la situación de la mujer en las diversas épocas de la historia del pueblo elegido, ya sea el tiempo de los jueces, como la época del exilio. Ellas nos revelan la condición de la mujer en esas circunstancias adversas. Desde su situación de mujeres, ya sea silenciosa y casi opaca c
omo es el caso de Sara,  ya sea desde una situación límite que las lleva al riesgo, como es el caso de Débora y Judit. Ellas nos cuentan de un Dios que para llevar a cabo su historia de salvación no ha prescindido ni prescinde de la participación de las mujeres.

la mujer del Cantar de los Cantares, búsqueda y pasión, amor llevado hasta las últimas consecuencias. Símbolo del amor de Dios por su pueblo. De allí nos hemos trasladado al N.T. para descubrir en los evangelios a María, discípula y Madre. Finalmente hemos dirigido nuestra mirada a la Esposa del Cordero del Apocalipsis, quien nos ha llevado a la contemplación de la Jerusalén celeste. ¿Realidad o símbolo? Lo importante es que todas ellas nos han hablado de un Dios que las ha mirado con amor y que se ha mostrado a su favor.

En cuanto a la lectura palautiana de esas figuras a través de las mujeres bíblicas, Palau nos ha permitido acercarnos a su experiencia de Iglesia. Antiguo y Nuevo Testamento se entrelazan a través de sus escritos gracias a la presencia de esas mujeres. Ellas van introduciendo a Palau en el descubrimiento progresivo del misterio de la Iglesia, experiencia que encuentra su culmen en la figura de María, tipo acabado de la Iglesia, quien le desvela el aspecto invisible de la Iglesia, enseñándole a ir siempre más allá y más adentro en el Misterio que alcanza su verdadera cima con la Mujer del Apocalipsis.mujeres3

Eva, Raquel, Sara, Débora, Judit, la Amada, María y la Mujer del Cordero hablana Palau de la preexistencia de la Iglesia en la mente del Padre eterno. Le revelan el amor incondicional del Dios-hombre, cabeza de la Iglesia  que vive en comunión misteriosa con los hombres y mujeres de todos los siglos. Ellas le revelan la Iglesia como un espacio habitado por el Espíritu Santo quién a través de sus dones posibilita al creyente y la creyente su acceso al Misterio.

Finalmente, son las mujeres bíblicas las que revelan a Palau el rostro femenino de Dios, que un día le sorprende llenando su corazón del amor deseado. Dios se hace cercano, en la Iglesia, le habla de amistad, de paternidad-maternidad, de desposorios con la cosa amada. El Misterio de la Iglesia se hace patente a través de las mujeres bíblicas, le llena, le obsesiona e impulsa al apostolado. La Iglesia a través de las figuras femeninas se esclarece no sólo en su aspecto invisible sino también en lo visible, en cuanto estructura y en especial en cuanto Iglesia que peregrina hacia la patria definitiva.

Hna. Mirtha Rojas cmt

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