La azucena, cardinal y jefe de todos los lirios, es una cabeza enterrada: produce una varita recta; saca su capullo y, al reventar, llena el jardín de una fragancia muy delicada y exquisita. Con ella forman familia varias especies de lirios de diferentes colores y perfumes.

La justicia: Esta excelente virtud cardinal es figurada por todas las especies de flores que tienen cabeza, o puño y vara. Dar a cada uno lo que es debido, esto es justicia. Tiene por compañeras la religión, la oración, la piedad, la observancia, la obediencia, la gratitud, la veracidad, la liberalidad, y como partes esenciales, la justicia conmutativa y distributiva.

¿Debes algo? ¿debes a Dios? ¿qué le debes? cultos, amor, respeto, obediencia, gratitud y castigos severos merecidos por tus culpas. ¿Quieres pagar lo que debes a Dios? Di de veras que sí: porque si no le pagas en éste, tendrás que darlo en el otro mundo. La justicia de Dios es recta, es inflexible. ¿Quieres pagar en este mundo lo que debes a Dios? Pues bien, págaselo; dale amor, y ahora preséntale por manos de María tus resoluciones y propósitos y le dirás:

Señora:
Yo os ofrezco y os presento hoy
la azucena y varias especies de lirios
como emblema de la justicia y sus compañeras.
Yo, postrado ante vuestro trono,
Os prometo y me obligo a dar a Dios
lo que la Religión me prescribe,
a mí mismo y a mis prójimos lo que la ley ordena,
y a Vos lo que me pedís y os debo,
que es amor, culto y gratitud.
Aceptad esta mi ofrenda;
recibid, Señora, esta mi flor
como signo de mi rectitud y de la justicia.

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