Recostándote tú en el pecho de Jesús, deja que también broten en ti tus miedos, tus dudas, traiciones, debilidades, torpezas, déjate conmover profundamente por tu realidad, la de la Iglesia, esta Iglesia que interpela y conmueve.

Solo dejándose abrazar por el corazón compasivo de nuestro Señor seremos capaces de dar la vida por él, por su causa, que es la causa tantas veces traicionada en nuestro mundo

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