Kristina González Inchausti; originaria de Euskadi, País Vasco, casada y madre de mellizos, es profesora de educación general básica, y cumple el rol de directora pedagógica en el Colegio KARMENGO AMA IKASTETXEA de Amorebieta (Bizkaia-España), de las Carmelitas Misioneras Teresianas, junto a las cuales camina en misión compartida.

Es una mujer de profunda fe, y cuestionadora de su realidad. Destaca por tener muchas aficiones; leer, pasear, vivir en familia, conversar y hacer manualidades. Siendo por sobre todas esta la profesión docente su pasión, convirtiéndola en su estilo de vida.

Forma parte del Equipo de Titularidad de su colegio, y participó en el Equipo de Titularidad de los centros educativos CMT Provincia Francisco Palau de Europa, siendo responsable de ese mismo ámbito hasta el año 2019.

Es consciente de la responsabilidad de trasmitir y ser testimonio del carisma palautiano, y siempre busca profundizar en ello, enfocar y analizar la realidad desde de este prisma, para que le ayuden a crecer a nivel personal y en servicio.

En el año 2017, profundiza su fe y espiritualidad en el curso “Formación Intensiva Especializada para Líderes”, FIEL, del extinto Centro de Espiritualidad Palautiana de la Ex Provincia Virgen del Carmen (Chile), presentando el trabajo que entregamos a continuación como su tesina final, alcanzando este la mejor evaluación de todo el curso.

LA ESCUELA DE LA VIRTUD (1851-1854)

APORTACIONES PEDAGÓGICAS A LA EDUCACION DEL S XXI

 

Introducción
Ante el trabajo y reto que se me solicita en torno a reflexiones relacionadas con los temas abordados en este curso, he decidido centrarme en la aportación pedagógica que el P. Francisco Palau i Quer realizó en su tiempo a la sociedad proponiendo como formación catequética de adultos la Escuela de la Virtud.
Mi formación está muy relacionada con el estilo de las Carmelitas Misioneras Teresianas y la vocación de ser maestra se ha hecho realidad en el Colegio Karmengo Ama, cuya titularidad e identidad corresponde también a esta congregación. Me encanta mi trabajo, que se ha convertido en un estilo de vida que deseo sea fiel al carácter y los valores coherentes a este Proyecto Educativo CMT, religioso y singular. Pienso que profundizar en la propuesta que el P. Francisco Palau hizo en su contexto histórico y social puede aún hoy ser valiosa en algún modo al proceso formativo que ofrecemos hoy en nuestras escuelas. Así, quisiera profundizar en torno a qué fue la escuela de la Virtud, para pasar a analizar qué aportaciones es necesario reconocer como positivas en este siglo XXI y recogerlas en nuestra labor educativa hoy.

Así, la tesis que trataré de defender se basa en la necesidad de la formación religiosa y pastoral en nuestros días. La fe y los valores religiosos, el amor a Dios y a los prójimos aportan valor a nuestra visión del mundo y a la forma en la que nos relacionamos con aquellos que nos rodean. Creo firmemente que el amor es la fuerza sostenible y renovable más poderosa que existe. Y que la educación supone, entre otras cosas, muchos actos de amor y servicio.

Aporto la siguiente frase recogida en la carta que el científico Albert Einstein escribió a su hija. Aunque la autoría de esta carta está en entredicho, sea o no de Einstein es digna de ser leída por la belleza de su contenido.

El Amor es Luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El Amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El Amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere. El Amor es Dios, y Dios es Amor.

Debo agradecer a la organización del Centro de Espiritualidad Palautiana, la flexibilidad en la entrega de este trabajo, su comprensión ante la necesidad de tiempo para ahondar en el tema como se merece.
Quisiera agradecer también a la Hna. Olga Olano, Hna. Rosario Pérez y Hna. Francisca Fernández el acceso a libros editados en torno a este tema. Aunque muchos escritos y otros documentos del P. Palau están disponibles en la red, la documentación que he encontrado más valiosa son los libros que amablemente me regalaron. Sin este material no hubiera podido profundizar lo necesario.

Gracias. Eskerrik asko.

 

Desarrollo
Inicio el trabajo, aportando una mirada histórica al contexto en el que vivió el protagonista de este ensayo, Francisco Palau i Quer (1811-1872). Podemos afirmar que, el siglo XIX es una etapa fundamental de la historia de España. En él se pasa del Antiguo Régimen a la Edad contemporánea, como consecuencia del surgimiento de una nueva organización política: el estado liberal.

A esta transformación política le acompañan importantes cambios económicos, sociales y culturales, pues a lo largo del XIX, se acaba pasando de una economía tradicional (rentista, autosuficiente, gremial y proteccionista) a una economía de mercado o capitalista (comercial, industrial y poco regulada). Además, las ciudades crecen enormemente y comienza el primer gran éxodo rural. Nos situamos pues, en un contexto de revoluciones y cambios, en el ámbito político, industrial, agrícola, intelectual y social.

Tras hacer esta pequeña introducción me pregunto, ¿Cuál es a grandes rasgos, la situación en la que nos encontramos en este siglo XXI? Sin profundizar en exceso, creo que cualquiera puede sentir que vivimos en un momento de grandes cambios. Nos viene a la cabeza la revolución digital, que aborda a la sociedad en sus formas de informarse, comunicarse, relacionarse… la revolución verde y el consumo sostenible, movimiento que trata de contrarrestar los efectos del cambio climático en el mundo, la globalización, la crisis económica, y la crisis de valores. Es un contexto de cambios en el ámbito político, social, y humanístico.

Quisiera aportar, desde la observación, una opinión en torno a la pérdida versus búsqueda de valores.
Tengo 48 años. He sido educada como cristiana. Los valores cristianos (fe, amor como máxima, perdón, compasión…), las obras de misericordia, la oración en familia, la práctica religiosa y la participación en la eucaristía dominical, en la comunidad parroquial, han formado parte de mi vida de forma muy intensa en mi infancia y juventud. Estos aspectos han ido cambiando en enfoque e intensidad, en vivencia, siendo con el tiempo, no tan compartidos y valorados en mi entorno y más fuertes y maduros como opción personal.

Creo que eso es lo que está ocurriendo, quizás de una manera más lenta y difusa en general en los planos individual y social, según puedo deducir por anécdotas varias, como por ejemplo, la llamada a convocatorias para hacer yoga en bares y lugares de reunión de jóvenes y mayores, la cantidad de libros de autoayuda que encuentras en las librerías (incluso en su quinta edición), el espacio que va tomando la inteligencia emocional en la educación en casa y en las escuelas, el Mindfullnes, el aquí y el ahora…, en general, todas ellas acciones que nos empujan a la evolución en la búsqueda interior y en el posicionamiento personal, desde los propios valores, de forma consciente, a lo que encontramos en nuestro entorno cercano. Hay sed de búsqueda interior y vivencia emocional intensa. Los valores cristianos aportan mucho a ésta demanda, creo.

¿No es la reflexión, la soledad, la búsqueda, lo que Francisco Palau practicó antes de impulsar la Escuela de la Virtud? En el libro “Una catequesis de adultos: La escuela de la virtud (1851-1854)”, la Hna. Luisa Ortega Sánchez escribe en el capítulo II Génesis y organización de la Escuela de la Virtud”: “… de la contemplación de la sociedad en sus prolongados y solitarios momentos de oración en las agrestes montañas del Montsant el planteamiento del P. Palau siguió esta línea: la sociedad barcelonesa sufría un cambio, no podía la Iglesia mantenerse en una postura inmovilista, el conservadurismo debía dar paso a un nuevo sentido de misión. Tradicionalmente católica, se hallaba falta de evangelización y catequesis”.
Así podemos declarar que el mismo P. Palau reconoce que la escuela no podía ser indiferente a los problemas por los que atravesaba la sociedad y la Iglesia. Igual que nosotros hoy debemos responder a esa inquietud emocional y espiritual que se manifiesta y dar fuerza en nuestras escuelas a esta misión evangelizadora.

Por otra parte, la Escuela de la Virtud no nació como iniciativa privada. Se desarrollaba en la parroquia de San Agustín, una de las más grandes parroquias de Barcelona. Quiso ser participación eficaz de la tarea principal del Obispo, por ello se insertó en la planificación diocesana. Nació y desarrolló su labor como obra diocesana parroquial, aunque se elegirían las formas de acción que Palau consideró más eficaces para hacer presente el evangelio, para encauzar conductas morales y cívicas en conformidad con el ser cristiano.

La labor del P. Palau, captó la problemática que aún hoy sigue siendo motivo de preocupación: la necesidad de catequización de la clase adulta, y la encuadró dentro de la actividad pastoral diocesana. Aquí su innovación: la atención y dedicación a la clase adulta y enmarcarla dentro de la pastoral diocesana.

¿Y nuestras escuelas? ¿Tienen carácter de servicio a la diócesis? ¿Están de algún modo relacionadas? ¿Tienen realmente objetivos de evangelización? Puedo realizar esta aportación: Desde la actividad profesional que realizo (la dirección pedagógica del colegio Karmengo Ama de Amorebieta- Bizkaia), y como miembro del Equipo de Titularidad Provincial CMT Europa, he podido comprobar que en la documentación estratégica se contempla el proyecto educativo de nuestras Escuelas, como un Proyecto Educativo Cristiano, que se desarrolla con el carisma CMT, que viene definido desde el amor y el servicio (así lo he comprobado en la experiencia diaria y en las visitas realizadas a otros centros educativos CMT) y tenemos compromiso con la educación integral de los niños, niñas y jóvenes, contemplando también la dimensión trascendente. Esta dimensión trascendente se hace operativa en los Planes de Pastoral de las escuelas.

Además he observado que, desde hace algunos años, nuestros Planes de Pastoral, contemplan entre sus objetivos la colaboración con la diócesis, que generalmente se hace realidad a través de la colaboración en campañas y en acciones planificadas con las parroquias.

No vamos entonces tan descaminados. Nuestra Misión evangelizadora también se contempla en algunos aspectos engarzada con los objetivos de la Diócesis. Compruebo con datos evidentes que muchas cosas coinciden ¿no os parece? Abordemos ahora aspectos formales de la Escuela de la Virtud.

El objetivo de la Escuela de la Virtud era, tal como anteriormente hemos comentado, dar respuesta a una necesidad urgente de evangelización y moralización, con carácter misionero.
En el documento: La Escuela de la Virtud ¿Escuela de Socialismo Cristiano?, la Autora María Teresa Aubach, comenta que “En el capítulo primero de los Estatutos de la Escuela presentados a la probación del obispo el año 1853 el P. Palau determina que el objeto y fin de la Escuela es «instruirse en los misterios de nuestra religión y en los deberes que ésta impone. El fin que se propone la Escuela por parte de los eclesiásticos es enseñar a los adultos todos los días festivos la doctrina cristiana; y, por parte de los fieles, asistir a las instrucciones que les ofrece el ministerio eclesiástico» y continúa aportando que “Según una hoja, en que se anunciaba el funcionamiento de la Escuela, el objeto de ésta era explicar la virtud, y los vicios que se le oponen por exceso o por defecto”.

La Hna. Josefa Pastor en su libro “Introducción a los escritos de Francisco Palau”, de forma global escribe “… ayudar al hombre a caminar hacia su realización como tal, lo que equivalía en consigna de Palau a marchar hacia su felicidad o perfección como persona e hijo de Dios”. “… convencido de que la rectitud y fuerza de voluntad se nutren y fortalecen con la iluminación y buena formación de la inteligencia”.
Tanto en estos documentos como en el libro de la Hna. Luisa Ortega, “Una catequesis de adultos: La Escuela de la Virtud”, se subrayan pues, dos aspectos que definen la Escuela de Francisco Palau: la predicación del evangelio y la catequesis.

Así, según entiendo, la predicación del evangelio, como propuesta de formación integral del cristiano, adoptó la forma catequística para garantizar el estudio de las doctrinas relativas al dogma y la moral católicas. Abarcaba la noción de la fe y la acogida del mensaje evangélico por la predicación de la palabra y la explicitación del mensaje en orden al ejercicio de las virtudes cristianas y principios de sana moral como encarnación práctica del mensaje proclamado.
Francisco Palau propuso así, una predicación envuelta en formas adaptadas a la situación concreta de los receptores, estableciendo una enseñanza religiosa para adultos periódica y gratuita, metódica, operativa y dialogada.
Debo subrayar que, según la documentación consultada, en varias ocasiones se menciona que el proyecto de la Escuela de la Virtud, es continuamente revisado a la luz de las necesidades y situaciones de los individuos asistentes y de la sociedad en tránsito hacia nuevas formas de cultura para acomodarse a las exigencias de los tiempos y del auditorio.

Por otra parte, en el libro “Fecundidad del fracaso. El Padre Francisco Palau y Quer.” de Armand Duval, podemos leer: “El Padre estableció un feliz postulado pedagógico: no es el alumno quien tiene que adaptarse al método, sino que éste no existe si no es en función del alumno. Para metodizar cualquier enseñanza, se han de tener muy conocidas, estudiadas y meditadas, las cualidades, disposiciones, capacidades, exigencias y necesidades de los educandos. Un error en esta materia haría estéril e infructuosa la doctrina”.

Me ha parecido interesante mencionar esta cuestión, pues, la preocupación del P. Palau, es actualmente una reflexión que realizamos en nuestras escuelas. La evangelización tradicional resulta muchas veces inadecuada en una sociedad laica y poco practicante. Hacemos grandes esfuerzos por adaptarnos a las necesidades de nuestro alumnado y familias, también en lo que respecta a la formación religiosa, el despertar y fortalecimiento de la fe, en nuestro caso, por dirigirnos a niños/as y jóvenes principalmente.
Por otra parte, tenemos hoy claro que el alumno o alumna es el eje de la propuesta pedagógica, siendo inevitable así, tener en cuenta sus intereses, capacidades…

Estos dos planteamientos iniciales del P. Palau encajan sin dudar en los principios pedagógicos de cualquier Proyecto Educativo hoy. Quisiera añadir por otra parte, que, me encanta el concepto que menciona la Hna. Luisa Ortega en su libro: “El hombre en el camino de la perfección siempre será novicio”. Es un concepto que invita a aceptar con humildad el ser imperfecto del hombre y lo pone en condiciones de tomar decisiones para lograr la perfección. La Escuela de la Virtud, entiendo, es una propuesta, una opción libre para la mejora de la persona, desde la perspectiva cristiana, proponiendo el camino de la práctica de las virtudes que en el Catecismo se explicitan de forma sencilla y clara. Queda clara también la necesidad de formación permanente de las personas en el camino de la mejora y la perfección, siendo esta una premisa actualmente muy considerada en el ámbito personal y también profesional…

La Hna. Josefa Pastor Millares, en su obra “La libertad del amor. Francisco Palau OCD, concretamente en el capítulo 8 (El ser acusado no es ser criminal), se expresa así: “El P. Palau centró su mirada en el hombre. Predicación del evangelio y enseñanza de la virtud al adulto. Y esto de forma ordenada y sistemática. Colaboración y trabajo en equipo. Integración de personas, medio y energías. Prensa, sacerdotes, seglares y participación activa de seminaristas en la organización, desarrollo, debates,… Junto a la dirección espiritual y estudio ¡qué buena actividad formativa”. “… Incansable, preparaba, predicaba, revisaba y buscaba colaboración y respuestas efectivas al hombre y a la sociedad”. Como cualquier maestro o maestra hoy. “Porque conocía su limitación , su escasa preparación, sus posibilidades y, por ello, dirigía pero delegaba, organizaba pero daba paso, intuía pero animaba a otros…”

Esta es una aportación de modelo de líder valiente y constante, que planifica, organiza, comparte responsabilidad, delega, busca colaboraciones… Sin duda inspiración para un líder hoy.
Continuando con el tema que nos ocupa, para el logro de estos objetivos, el P. Palau trazó un plan organizado y metódico, (se menciona en varias ocasiones y en distintas fuentes, por lo que doy fuerza a este aspecto). La planificación es algo indispensable también hoy en nuestras escuelas, para garantizar un funcionamiento estable y para aunar esfuerzos de cara a objetivos comunes establecidos.

 

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