La Hna. María Isabel Obregón, originaria de Goya  (Corrientes-Argentina), ingreso a las Carmelitas Misioneras Teresianas, en la extinta Provincia San José, que agrupaba las presencias de Argentina, Uruguay y Paraguay.

Con 29 años de vida consagrada se destaca cómo mujer con la capacidad de contemplación de la realidad y llamada a la acción.

Apasionada por los lugares donde la presencia palautiana está junto a los jóvenes, pobres y las familias. Estuvo destinada a las presencias en Colombia, Bolivia, México y Chile.

Fue elegida para ser Maestra de Novicias, realizando este servicio en el Noviciado Interprovincial en Ciudad de México (DF-México) y La Florida (Santiago-Chile).

Con el proceso de unión de las provincias San José y Virgen del Carmen en el año 2018, fue elegida como la primera Animadora Provincial de Virgen de Guadalupe de América, rol que cumple actualmente, y en el cual se ha abocado al trabajo en misión compartida, en animación de las misiones y obras en el continente, y en la propagación de los cuatro pilares de nuestro carisma enunciados por la congregación.

¡SI AMAS LA VIDA, IMPLÍCATE Y SAL AL ENCUENTRO!

 

Imperativo, que nace del camino que vivo y transito en la tarea y misión de acompañar a las personas que hacen procesos de búsquedas, de luchas, de sueños, de entrega incondicional y radical; para ser fiel a sí mismas siendo fiel al sueño de Dios.

A lo largo de mi vida, he acompañado a muchas personas y me he dejado acompañar, con el deseo de ser fiel al proyecto de Dios; este proyecto que se traduce en el amor y servicio a la Iglesia, como entendemos las hijas espirituales del Padre Francisco Palau, ocd.

En este momento quiero compartir mi experiencia que ha sido y es, hasta el momento, con la Hermana Marcela Alejandra Macagno, y que ha comenzado cuando Dios, providencialmente, nos ha encontrado en la casa de formación del noviciado, en La Florida, Santiago de Chile, donde, en clave de discernimiento, a la luz de la fe, y de la realidad, miramos la obra de Dios, que se teje en la historia como lugar de salvación, de llamada y de respuesta a la vocación recibida.

A partir del caminar con Marcela, pude descubrir y experimentar una vez más, como dice el Evangelio, “La verdad les hará libre”.  A medida que fuimos poniendo nombre a lo que pasa, a lo que buscamos y estamos llamadas/os a ser, como persona, imagen y semejanza de Dios,  nos exigió tomar decisiones que liberan, restauran, integran, unen y crean comunión, es por eso que ante las injusticias cometidas contra tantas víctimas de trata de personas, decidió Marcela realizar la denuncia que correspondía, para que la verdad salga a la luz, y la luz trajo consigo el rescate de 8.126 jóvenes y niños de 4 a 18 años. Esto comprueba, una vez más, que donde hay verdad, hay vida, y donde hay vida, hay sentido y entrega.

También hoy podemos constatar los gritos, de los que hace mención el profeta Jeremías en el capítulo 31,15; los gritos de madres, familias y pueblos que sufren la desaparición de sus hijos, por la trata de personas, la explotación sexual, el narcotráfico, y de tantas otras formas, que se dan a través de múltiples organizaciones. Lamentablemente, es una realidad que está más cerca de nosotros de lo que pensamos.

Es de destacar el compromiso de muchas personas, en esta causa, como en tantas otras que manifiestan el compromiso a favor de la vida, especialmente con los más vulnerables.

Estoy muy agradecida porque se me posibilitó leer, pasar por el corazón, testimonios de niños y jóvenes, que pudieron ser liberados de esta opresión sin límites; aún me emociona recordar expresiones como: “¡Ojalá haya millones de hogares que te ponen de pie, te curan las heridas y te ayudan a vivir, yo ahora soy feliz!” … Los testimonios me ayudan a ser más consciente de la realidad que viven miles de personas, como también a ensanchar la mirada y el corazón. Me sensibiliza, me compromete desde la oración, y en todo aquello en que pueda dar una mano, para poder aliviar el dolor de orfandad en tantos niños y jóvenes.

Sin lugar a dudas, llegar a la verdad es y ha sido camino arduo que vale la pena. Jugársela es una opción que implica la vida, y para toda la vida, con determinación y fidelidad a la vocación, vivida con pasión.

En el momento de acoger a Marcela para ser parte de nuestra familia religiosa sabíamos y sé qué significa implicarnos y dejarnos afectar, sentirnos cuerpo en lo que nos une como proyecto y como anhelo de nuestra vocación de Carmelita Misionera Teresiana. Vamos caminando, esto no ha finalizado. Sí, se van dando etapas que requieren apoyo, cuidado, compromiso y comunión, porque la vida nos pertenece y pertenecemos a un solo cuerpo que es la Iglesia.

Al concluir, mi experiencia, que no es sólo mía, es de todas, si bien algunas/os acompañamos más de cerca, no obstante, nos sostenemos entre todas/os, mutuamente. La misión tiene dimensión comunitaria. Abramos los ojos, vivamos en la verdad, busquemos la verdad y colaboremos para seguir salvando del horror, el dolor y la perversidad a niños y jóvenes víctimas de este flagelo social.

Para terminar: ¿Qué pasa y nos pasa con este tema? Podemos compartir.

 

Buenos Aires, 22 de Julio 2020

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