Queda apenas un día para celebrar el nacimiento de Jesús, nuestro hermano y Salvador.

Si miramos un poco atrás, veremos que durante tres semanas hemos hecho un interesante camino de preparación en donde Juan el Bautista salió a nuestro encuentro, primero llamándonos con pasión e insistencia  a preparar los corazones para la llegada del Mesías – “Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios”, y luego mostrándonos formas concretas de hacer esa preparación: En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo», «No exijan más de lo establecido», «No hagáis extorsión ni os aprovechen de nadie, sino conténtese con su paga».

Al llegar a este cuarto domingo de Adviento nos encontramos con la figura de María, la joven judía que, al ser invitada por Dios a participar en su plan de salvación, dijo un sí valiente y generoso.

Hay dos actitudes en ella que nos pueden ayudar no sólo a vivir esta Navidad 2018 sino también a proyectarla hacia los meses que vengan: María primero acogió generosamente a Jesús en su vida- sabiendo que la iba a revolucionar toda-  y luego no se quedó con este don maravilloso, sino que salió a compartirlo con otros. Hoy la vemos visitando a su prima Isabel y cómo en ese encuentro María, con su sola presencia comunica la Buena Noticia que lleva dentro.

Mañana celebramos una vez el nacimiento de Jesús, nuestro Salvador y de, alguna manera todos los creyentes, quien más quien menos, hemos ido preparando el corazón para vivir una Navidad linda en donde podamos renovar nuestro amor y nuestra fe en Jesús. En este último domingo de espera, los animamos a que, en lo que queda de este día y la noche, podamos disponernos a ser un poco como María: acoger a Jesús en nuestra vida, abrirle las puertas del corazón y también decidirnos, atrevernos, movilizarnos, para llevarlo a los demás, para comunicarlo… Que en esta Navidad podamos tener ese momento de intimidad en que nos asombramos una vez más de su amor hecho cercanía, pero que luego, ese gozo, esa alegría, esa experiencia conmovedora de sabernos tan amados, nos empuje en los días, semanas y meses que vienen, a comunicar al mundo ese Dios de ternura y misericordia que nos ama de verdad, que se hace nuestro hermano y que ha venido para decirnos que, en el amor del Padre, hay esperanza para nuestras vidas y para la Humanidad.

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