¡¡Celebramos Todos los Santos!! Porque hoy nos concedes celebrar la gloria de tu ciudad santa, la Jerusalén celeste, que es nuestra madre, donde eternamente te alaba la asamblea festiva de todos los santos, nuestros hermanos .

Hacia ella, aunque peregrinos en país extraño, nos encaminamos alegres, guiados por la fe y gozosos por la gloria de los mejores hijos de la Iglesia; en ellos encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad.

¿Hoy es tu santo? Sí y no. Hoy es el santo de todos, porque celebramos la fiesta de todos los santos. San Bernardo dice, que no solamente celebramos la fiesta de los santos que están en el cielo, sino también de los santos que hay en la tierra.

La santidad consiste en vivir las bienaventuranzas que hemos leído en el evangelio de hoy: ser pobre, manso, misericordioso, luchar por la justicia, ser portadores de la paz y sufrir por el reino del cielo. Este es el programa que expuso Jesús y sus seguidores lo tenemos de llevar a la práctica. Santa Teresa dice que la santidad consiste en una disposición del corazón, que nos hace ser humildes y pequeños en los brazos de Dios.

 Oh Dios, te alabamos por la multitud de hombres y mujeres, jóvenes y niños que desde la tierra miran de ser testimonios de paz, confianza y reconciliación. Concédenos que, siguiendo el camino que nos enseñan los santos, testigos de Jesucristo de todos los tiempos desde la apóstoles y la Virgen María hasta nuestros días, lleguemos a participar de la vida eterna.

 Nosotros, los cristianos, veneramos, no adoramos, a los santos porque son nuestros intercesores ante Dios y les pedimos que presenten nuestras suplicas al Señor. Es bueno acudir a los santos cuando tenemos una necesidad, pero es mejor imitar su amor a Jesucristo, para que un día nos podamos reunir con ellos en el cielo.

 Hoy también celebramos la anticipación del fin de los tiempos; donde todos juntos celebraremos para siempre en el amor de Dios.

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