Familias y docentes desafiados por esta nueva modalidad de educación, puntos de encuentro para superar los desencuentros.

 

Muchos se preguntan si es posible aprender a través de las redes sociales. Hace varias décadas que la tecnología se ha convertido en herramienta de trabajo y de una nueva forma de estar en contacto con otros. La aparición de Facebook, Instagram, Twitter y otras tantas plataformas fueron moldeando las nuevas maneras de relacionarnos y establecer espacios comunicativos.  Esos espacios son virtuales pero una vez conectados ya se transforma en una realidad. Declarada la pandemia, en el mundo se ha establecido que las clases fueran dadas mediante plataformas como Zoom o Meet. Los padres, muchos inexpertos en el uso de la tecnología, se sintieron vulnerables por varias razones. Además  de las propias preocupaciones por el virus del COVID-19 se sumaron la tensión de perder la posibilidad de trabajar y de asegurar el ingreso monetario, especialmente de aquellos que son llamados “trabajadores independientes”, no saber desde el principio cuánto duraría el aislamiento social, dificultades para poder receptar la señales de internet, no tener en el hogar al menos dos computadoras para ser compartida entre el trabajo de los padres y el estudio.

Desde el sector docente también se vive estas dificultades. Problemáticas compartidas. Los medios de comunicación social y las redes emiten mensajes oponiéndose a la supuesta educación virtual. Hay padres que se quejan de este formato y piden a gritos la apertura de las escuelas.

Guillermo Orozco y Darwin Franco señalan en el libro “Al filo de las pantallas”: “Gracias a las nuevas tecnologías de información, se aprende en cualquier lugar y en cualquier momento. No es necesario circunscribir el aprendizaje a ciertos lugares bajo techo, ni a ciertos momentos regulados por horarios y secuencias de planes de estudios, como es costumbre dentro de los sistemas escolares. Se aprende en la calle, en la vida cotidiana, en los museos, se aprende en el mundo. Y se aprende tanto en los tiempos considerados tradicionalmente productivos, como sería el caso de los tiempos escolares o laborales, como en esos otros tiempos de antes desdeñados, de ocio o tiempos libres, ya que es en ellos donde se realiza ahora la mayor parte de las inter acciones mediáticas y tecnológicas conducentes a la producción casi interminable de muchos de los aprendizajes importantes contemporáneos”.

La familia es vital tanto para la sociedad como para el desarrollo del ser humano. La educación es tarea primordial de la familia, aunque compartida de una manera significativa con la escuela, con el entorno y con el contexto social.

Los tres puntos del triángulo de formación de la persona son: la familia, la escuela y la sociedad. El problema no es la educación mediatizada por la tecnología o las interrelaciones a través de las tecnologías. Lo que debemos preguntarnos si en realidad en familia somos escuela de valores. Los contenidos en las redes sociales y en los medios de comunicación reflejan muchas veces el vacío que se vive en la familia. Pueden ser por distintas causas, hasta justificables, pero no podemos convertir los problemas en abandono del otro. Tal vez este aislamiento nos permita de algún modo repensar nuestras realidades comunicacional y recuperar la verdadera convivencia del diálogo. Convivencia destruida cuando todo estaba abierto.

 

Por Guillermo Alejandro Bordón, Docente de Teatro en el Colegio del Carmen y San José y miembro del Equipo Provincial de Espiritualidad.

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