En el pensamiento del Padre Palau está muy presente la Trinidad, como modelo de comunión, de relación, de diferencia y de semejanza. Palau destaca el vínculo entre los Tres por el AMOR, de entrega y donación gratuita de Uno al Otro, respetando el SER de cada uno, más que fusión en la que se pierde la identidad personal, la Trinidad en Palau destaca la COMUNIÓN que es permanente encuentro con el Otro, aportando el Padre desde su esencia, aportando el Hijo con su identidad humana y desde el Espíritu Santo como amor y alma de la Iglesia.

Mi espíritu se elevó a la contemplación de la Jerusalén celeste; se llenó todo el monte de gloria. Y el Padre, haciendo oír su voz, dijo: «Esta es mi Hija y tu Hija». Y el Hijo: «Esta es mi Esposa y tu Esposa». Y el Espíritu Santo: «Yo soy el amor del Padre y del Hijo, y soy el lazo que te tendrá unido por gracia y por amor con la Hija de Dios y con la Esposa del Cordero» [Ap 21,9-27].”

Francisco Palau ve la belleza que tiene la Trinidad por su perfecta comunión, su relación que es siempre relación de AMOR. El hombre al ser imagen y semejanza de Dios, está llamado a ser imagen y semejanza de la Trinidad, de COMUNIÓN y en esto se juega su belleza… Iglesia bella.

La Trinidad ha impreso en ella su imagen, y es bella como Dios, amable como la divinidad.”

En el libro de la Iglesia de Dios Palau nos invita claramente a encontrar y contemplar este Dios-Relación: LA TRINIDAD en el centro de la ciudad: la plaza y es hermoso la descripción que hace de cada persona de la trinidad y las posturas del Padre, del Hijo y del Espíritu:

En la Plaza de esta Ciudad de paz la beatísima Trinidad nos descubrirá sin velos la Iglesia santa: eres tú, le dirá el Padre, mi hija predilecta, reposa en mi seno, «¡que eres bella, esposa mía, amada mía! dirá el Hijo, descansa en mis brazos»; y el Espíritu Santo, poniendo de manifiesto toda su gloria, nos la presentará como el templo escogido para su mansión. En la Plaza, ante la congregación de los Angeles y Santos, veremos la Paternidad de Dios, allí Jesucristo se presentará como cabeza de todo el cuerpo, como Rey y Señor de todos los Reyes; allí veremos quiénes  son los grandes del reino celestial, allí nos veremos unos a otros, todos reunidos por el Espíritu Santo, como familia ante su Padre. Nos reuniremos en la plaza todos en cuerpo de Nación, Principado o Reino para cantar en gran Orfeón las alabanzas al Señor: tal es el destino que tiene la Plaza en la celestial Ciudad.

Te invito a relacionarte con un Dios que no es solitario, un Dios que se relaciona como esencia, un Dios que se “vincula” y se dona siempre.

Paola R. cmt

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