Empezamos el año poniendo los ojos en la Virgen María, la Madre de Dios. Este dogma fue proclamado por el Concilio de Éfeso, en el año 431. Así profesamos que María está en una especial relación con la Santísima Trinidad: es hija agraciada de Dios Padre; es madre, educadora y discípula de Dios Hijo; y fue fecundada por Dios Espíritu Santo. Con ella iniciamos este año pidiéndole que interceda por el don de la paz y para que, en toda la humanidad, surjan relaciones más sólidas y entrañable. “Te saludamos, santa Madre de Dios, porque diste al mundo al Rey que gobierna para siempre el cielo y la tierra“. También nosotros, en medio del ajetreo de estas fiestas, estamos llamados a guardar las cosas de Dios en el corazón. En esa actitud contemplativa mariana, podremos valorar el paso de Dios por nuestra cotidianeidad. Y podremos contar a otros sus maravillas. Oración: Dios y Señor nuestro, que por la maternidad virginal de María entregaste a los hombres los bienes de la salvación, concédenos experimentar la intercesión de aquella de quien hemos recibido a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida. Que vive y reina contigo.

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