Esta mañana comenzó en presencia de Benedicto XVI, la 13º Asamblea Ordinaria del Sínodo de Obispos bajo el tema “La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. En esta jornada los Prelados vivieron una “tormenta de ideas” con claves sobre el desarrollo de las reuniones.

Según informó este mediodía el portavoz de lengua española para el Sínodo de los Obispos, Mons. José María Gil Tamayo, el Papa “está muy activo, toma notas de todo y aplaude algunas de las intervenciones”.

La Congregación de esta mañana estuvo presidida por el presidente delegado Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara (México). En ella participaron 255 de los 262 padres sinodales convocados de todos los continentes, representando el número más elevado en la historia de los Sínodos.

El primero de los padres sinodales en intervenir fue el Presidente del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), Cardenal Péter Erdo. Según el Purpurado, para luchar contra la cristianofobia, la pérdida de las raíces cristianas, y el secularismo, hace falta recuperar el ardor de la propuesta cristiana recordando el valor de los mártires, que no son cosa del pasado, sino que viven -en Egipto, en Nigeria, y el numerosos países del norte de África y África subsahariana-, atemorizados y pagando con la vida los fundamentalismos religiosos.

Por su parte, el Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), Mons. Aguiar Retes, afirmó que hay que dar una nueva vitalidad a la Iglesia, y puntualizó que en América Latina es necesario un cambio, revalorizando la liturgia, mejorando la formación de los sacerdotes, y otorgando a la figura de los laicos la “transformación del orden temporal”, como parte de la evangelización de la cultura.

El Arzobispo de Bombay (India), Cardenal Oswald Gracias, advirtió que en Asia, la globalización económica está pasando a un segundo grado, y a nivel cultural está dañando la tradición familiar, el matrimonio, la defensa de la vida, la dignidad de la mujer y la niñas, y la búsqueda espiritual que caracteriza a sus gentes. El Purpurado denunció que allí los cristianos también son perseguidos, confinados a los templos, y se ven obligados a huir.

El Presidente Emérito del Pontificio Consejo para los Laicos, Cardenal Stanislaw Rylko, quien invitó a las iglesias particulares a colaborar con los movimientos católicos, con el fin de dar paso a una nueva generación de cristianos más hermanados.

El Arzobispo de los Ángeles (Estados Unidos), Mons. José Gómez, señaló que la inmigración es un caldo de cultivo para la evangelización, y debe ser vista como una oportunidad. Además, remarcó la importancia de las redes sociales para hacer a Dios accesible a todos de manera universal.

Por su parte, el Arzobispo de Nueva York, Cardenal Timothy Michael Dolan, consideró que el Sacramento de la Penitencia es el Sacramento de la Nueva Evangelización, y solo a través de Él, será posible acercarse nuevamente a los hombres, siempre desde una perspectiva humilde y hermana con los más necesitados.

Este Sínodo esta caracterizado por la aportación espontánea, y sin programación de los padres sinodales. Entre las voces que se alzaron, destacó la percepción del Sínodo como respuesta de fe cristiana al desafío de todos los tiempos, y como aliento a la juventud en este momento de crisis económica y de valores.

Los padres sinodales también propusieron la consagración del mundo al Espíritu Santo, para redescubrir el valor de la ley natural y de la fe. La Iglesia en el Sínodo quiere buscar un nuevo Pentecostes que se desarrollará a lo largo del Año de la Fe.

Estas son solo algunas de las aportaciones. Los padres sinodales en sus intervenciones están teniendo muy presentes los escritos de Benedicto de XVI, del Beato Juan Pablo II, y especialmente del Papa Pablo VI. Disponen solamente cinco minutos como máximo para su exposición, y la repetición de las temáticas está terminantemente prohibida.

Joseph Ratzinger, quien parecía cansado, insistió en su idea de que los obispos y el Papa “no hacen la Iglesia” como un parlamento “promulga una constitución”. “La Iglesia no comienza por nuestra acción, Dios actuó primero”, dijo.

(Fuente: Aciprensa)
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