La inquietud de asistir la X reunión de Milpa en Chile nació de un comentario que hizo la hermana Marcela; esta inquietud se convirtió en sueño y el sueño tendría que hacerse realidad. Un viaje tan largo y tan costoso necesitaba planeación: revisar mi presupuesto, pedir tiempo libre en mi trabajo, y combinar el viaje a Chile con mis vacaciones a Colombia y mi visita a Panamá. Salimos de Vancouver el 30 de Septiembre, camino a los Ángeles un viaje en auto de de 1735 Km, este viaje nos tomo tres días; de los Ángeles, volé a Medellín, haciendo escala en Panamá y el día 6 de Noviembre, repetí la jornada pero en dirección contraria: Medellín a Panamá y finalmente Panamá Santiago. La inquietud se había convertido en realidad.

En mi llegada a Santiago me esperaba la Hna. Soledad, superiora en la casa de las carmelitas en Andes. Fui una gran alegría encontrarme con ella; habíamos trabajado juntas en Vancouver, y teníamos una buena amistad, allí en Andes encontré otra sorpresa a la hna. Teresa Rosas con quien también había trabajado en Vancouver, y que estaba visitando Chile. Esa noche durante la cena compartimos recuerdos y anécdotas a pesar del cansancio, esa noche la tertulia fue larga y tendida. Al día siguiente con Cecilia la joven postulante como acompañante, caminamos por los jardines de Andes y visitamos el Santuario de Teresa de los Andes, una santa de la que yo sabía muy poco: me impacto mucho la devoción del pueblo Chileno por esta joven que murió en olor de santidad a los diecinueve años. El santuario y varios paredones alrededor de este están decorados con lo que los Chilenos llaman “ mandas” placas de agradecimiento por los favores y los milagros obtenidos por intercesión de Teresa de los Andes. Este fue mi primer encuentro con la devoción intensa y firme de Chile y su gente.

 

La topografía de Chile y de Los Andes, tan diferentes de los Andes Colombianos que están cubiertos de selva tropical húmeda; me recordaron que Chile es cultura de vino, pan, queso y te; más que de café, maíz, arepas y frijol. Sin embargo, note en sus pueblos de estilo colonial, con plazas mayores y grandes iglesias la influencia Hispana que compartimos: razas mestizas, el mismo idioma, el amor a la música, y esa alegría de vivir que no se doblega ni acobarda ante la turbulencia y sufrimiento. En Los Andes conocí por primera vez a la Hna. Carmen Gloria, organizadora del encuentro MILPA, quien me puso al tanto de lo que iría a suceder en estos tres días.

El día del encuentro, muy temprano en la mañana la Hna. Soledad y Antonio me llevaron  a Lo Vásquez una casa de retiros y parte del Santuario de la Inmaculada Concepción por quien los chilenos tienen una gran devoción. Allí conocí a todos los miembros de Milpa con quien iba a compartir tres días de mi vida incluyendo las damas del cuarto # 3.  No podría escoger entre las cosas que más resonaron en mi corazón en esos tres días:  No sé si fueron los momentos de oración congregados en la pequeña capilla y en las presencia de la reliquia del padre Palau o las celebraciones de la Eucaristía, donde todos participaban tan activamente, cantaban con alegría y batían palmas; la elocuencia del sacerdote y su calidez al darnos la bienvenida, los momentos de aprendizaje, donde la Hna. Josefa Pastor compartió con nosotros su gran conocimiento de Francisco Palau y el papel que los laicos y que especialmente MILPA juega en la iglesia de hoy. “Estamos injertos en el mundo pero no del mundo” dijo ella; somos los que instauramos los valores cristianos en el mundo y somos iglesia.

El equipo de pastoral Provincial, hizo también su presencia con las Hnas Paola, Adriana y Orlando que explicaron su organigrama y el papel de MILPA dentro de este plan; las expectativas y los desafíos  en el día de hoy, y la necesidad de consolidarnos y poner énfasis en nuestra formación. Resonaron los momentos cuando compartimos porque habíamos decidido ser MILPA y  donde una de las jóvenes muy enfáticamente menciono que “Dios es también para los jóvenes”;  o las noches de diversión, baile y música en que los grupos de las diferentes regiones, nos deleitaron  con sus presentaciones;  o los jóvenes que cantaban con tanto entusiasmo y que continuamente desafiaban a la Hna.Carmen Con el “Hna. tirese un paso” lo que ocasionaba que la Hna. Carmen empezara a bailar como un trompo. Y por supuesto es difícil olvidar esas deliciosas comidas que muchos voluntarios como una labor de amor y dedicación prepararon para nosotros por tres días.

No podría terminar mi narrativa sin mencionar varias personas que se destacaron por su dedicación: Vicky la coordinadora nacional y madre de familia que estuvo allí presente junto con su pequeño hijo Stefano, y que trabajo incansablemente para que todo saliera bien; junto a ella María su mamá. Las dos, mujeres que como decimos en Colombia son de “armas tomar” valientes, trabajadoras y comprometidas-.  Julio Salinas quien  preparó la comida del primer día; compartió con nosotros sus talentos a pesar de tener la gran preocupación de un hijo enfermo. (Dos días después, encontraron al donante que su hijo tanto necesitaba) el milagro fue una prueba de su fe y su dedicación.  Los padres de la Hna. Julia que  generosamente me compraron toallas cuando se enteraron que yo no traía.  Por ultimo y no menos importantes fueron  mis queridas  Hnas Carmelitas: Josefa Pastor, Mirtha, Silvia, Elida, Soledad, Adriana, Carmen Gloria, Jessica, Paola, y Julia que me ofrecieron su hospitalidad, se hicieron responsables de mi bienestar y estuvieron presentes en nuestras actividades.

No tuve la oportunidad de ser turista en Chile, pero mi experiencia fue más rica y profunda, tuve la oportunidad de compartir con MILPA y la gente de Chile, porque al fin y al cabo un país además de su cultura, su topografía, su historia, etc. se mide por la calidad de su gente. Para todos ellos tengo un lugar especial en mi corazón.

 Gloria Grewall, MILPA Vancouver

 

 

 

 

 

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