ANDAR EN VERDAD, Hna. General Luisa Ortega Sánchez, CMT.

Se me ha pedido escribir sobre mi experiencia de Santa Teresa de Jesús y me alegra compartir que desde la primera vez que tomé contacto con sus escritos, siendo muy joven, surgió en mi una corriente de simpatía, una gran admiración por esta mujer dotada de un exquisito equilibrio en su trato humano, realista y llena de sentido común. Me encantó su estilo literario tan claro, tan castizo, tan cercano y me acerqué a su rica experiencia y a su mensaje tan profundo e interpelante, de tal modo que Teresa ha llegado a ser para mí, Madre y Maestra de vida, como para todos aquellos que buscan la verdad con un corazón sincero.
Al comenzar a leer el libro de la Vida, cuando describe a su padre, me llamó la atención esta afirmación: Era mi padre…de gran verdad (1,1). Y poco a poco, este tema de la verdad en la Santa, del que habla tantas veces en sus escritos, me fue interpelando e impulsando a vivir la verdad conmigo misma, con los demás y con Dios, suma Verdad. Teresa fue una buscadora incansable de la verdad, una verdad que encontró en la experiencia de conocerse a sí misma, de descubrir a Dios en la relación diaria con Él, y desde allí adentrarse en el conocimiento cuidadoso de los demás.
A medida que crece su amor a Dios, Teresa se siente liberada por Él para andar en verdad delante de la misma Verdad (V 40,3). Experimenta la urgencia de comunicar la verdad de su experiencia, por eso afirma: “Espíritu que no vaya comenzado en verdad, más le querría sin oración” (V 13,16).
Teresa intenta hablar y relacionarse desde la verdad de lo que vive y del misterio que la envuelve; tuvo una gran facilidad para las relaciones humanas. Siempre escribe para alguien, nunca para si misma. Ella experimentó constantemente la necesidad de relacionarse en profundidad no sólo con confesores o consejeros espirituales sino con todas las personas que trataba, especialmente con sus hermanas de comunidad. Tuvo la capacidad de rehacer las relaciones humanas en su entorno. El amor, en su forma de amistad le hace vivir la comunión, la armonía y la fecundidad, la unidad esencial de la experiencia de Dios en la oración, la convivencia y la misión, como hilo conductor que lo orienta todo hacia Dios.
Otro aspecto que me impacta en los escritos de Santa Teresa, es que al ir relatando su profunda experiencia, la historia de su amistad con el Señor, la mejor forma que encuentra de enseñar a orar, es orando ante el lector, le contagia la gracia de la oración y lo invita a orar con ella, a buscar el proyecto de Dios sobre él.
Se han hecho referencia clásica las palabras de Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi «El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, y si escuchan a los que enseñan es porque dan testimonio» (EN 41). En Teresa de Jesús, el testimonio y el magisterio van de la mano en la enseñanza de la oración. Es maestra de oración, precisamente por ser testigo privilegiado del trato íntimo con Jesús, pero a su vez sabe enseñarnos de manera sencilla el camino. Ella afirma que el aprovechamiento del alma no está en pensar mucho, sino en amar mucho (F 5, 2).
Enséñanos Teresa, a andar en verdad delante de Dios y de las gentes de cuantas maneras pudiéremos, en especial no queriendo nos tengan por mejores de lo que somos, y en nuestras obras dando a Dios lo que es suyo y a nosotras lo que es nuestro, y procurando sacar en todo la verdad (6M 10,6).

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