Los festejos en una burbuja termino y concepto que hace treinta años atrás se remontaba a una experiencia totalmente diferente, burbuja era aquello que los niños veían al chapotear en el agua del arroyo, era lo que surgía de la ropa que fregaba la lavandera a los pies de algún río, burbuja era lo que al asomarte a los charcos producían los sapos…

Pero sabemos que hoy el sentido de la burbuja es otro y esta experiencia hizo de todos menos aislarnos y saben por qué, porque desde el inicio del día este celebrar nos llevó a realizar memoria de quienes iniciaron el camino por estas tierras, recordar aquellas mujeres la hna. Rosalía García, la hna. Magna Ruíz Cáceres y a la hna. María Guillén hacer memoria de los que pasaron, hacer memoria de opciones, discernimientos, logros, desalientos, lágrimas aquellas de felicidad como también de tristeza cada vez que alguien se iba, o cuando sabías que tal o cual familia no tenía, esas que surgían cuando ibas a las compañías y te dabas con grandes dolores que despertaban impotencia. Hacer memoria…

Y no, esta burbuja no nos separó, porque celebrar la entrega y renovar el compromiso es el mejor ejercicio que podemos hacer para dar cuenta de cuantas personas, hermanas y laicos, nos sostienen, alientan, acompañan, enseñan y ayudan a seguir creciendo en este camino de búsqueda constante.

La burbuja que hoy se armó para compartir la Eucaristía y la cena, mas que aislarnos nos hizo experimentar fuertemente la comunión al contemplar la historia y brindarnos la posibilidad de seguir soñando ¿saben por qué? Estas mesas de pan compartido concentraron a una de las hermanas que llegó hace 30 años junto a los 3 laicos que en ese entonces también se arremangaron para hacer realidad esta misión. Se los presento y ojalá ustedes puedan entrar delicadamente con el corazón en esta historia.

Don Víctor, hombre entrado en años que la ingresar a la comunidad, dijo: miren estos muebles, sin tener mucha experiencia, los hice para esta casa cuando aún no había nada. El mismo que al tomar los álbumes de fotos empezó a recordar y se emocionó, al hacerlo, decía: los largos caminos transitados para llegar a una reunión o dar una mano en esto que estaba iniciado. Hombre tímido, así es como se lo ve, pero con una capacidad inmensa para rescatar de cada vivencia los valores o aprendizajes que estas le otorgaron. Don Víctor, fue uno de los que les dio la bienvenida a las hermanas, en aquel entonces, dando sus primeros pasos en el oficio de carpintero, fue uno de los que estuvo ahí esperando a las religiosas que llegaban.

Doña Enriqueta y Minerva, dos mujeres sumamente comprometidas y qué hicieron estas señoras, una caminar todos los días 7km por pleno campo manteniendo su elegancia, porque este trayecto lo hacía sobre sus tacos altos y allá iba para acompañar a sus alumnos, la otra, doña Minerva, ella también se alistó aquella mañana en que las hermanas llegaron al pueblo para darles una afectuosa bienvenida, además, transitó cada rincón de esta ciudad anotando a los niños para que accedan a la escuela y así mantener los registros docentes en la institución. Valientes, entregadas y luchadoras. Hoy transitar por aquí se podría decir que es fácil porque los medios de transportes favorecen los traslados, pero hace 30 años atrás el monte y la falta de vehículos, hacía que todo se viera más lejos de lo que realmente era.  Esto nos las paró y al escucharlas se la experimenta firmes en el decir y pareciera que hablan como si estuvieran caminando esos campos o completando esas fichas. En su narrar la vida, nos dejaron el sello de estas palabras: “Cuando las hermanas Rosalía, Magna y María llegaron trajeron la esperanza, hoy ustedes hermanas siguen siendo esperanza para este pueblo, son ese empujón que más de una vez necesitamos y nuestro compromiso con ustedes es darle las gracias y cuidarlas”.

Los sacerdotes del pueblo, los padres Jovino y Luis, se unieron a los festejos, relativamente recién llegados, abrazando la historia que se transmite y animando a transitar hoy un camino juntos para que estos 30 años se dupliquen. Su presencia cálida, cercana y confiada inspira y da lugar a que el camino con otros recobre mucho más sentido. La experiencia de ellos, su espontaneidad y asombro ante la historia que recibían, propicia un ambiente de familiar.

Y en la burbuja se encontraban, como se dijo en la cena, los de las nuevas generaciones, algunos de ellos, hijos de los que dieron los primeros pasos en esta fundación, en aquel entonces estaban en el sueño de Dios y otros, al poquito tiempo de iniciar esta comunidad, eran retoños. Hoy ya jóvenes comprometidos, con estudios y trabajos, no solo son los que siguen dando pasos, sino que nos renuevan en la esperanza al compartir que una vida viene en camino, los papas Freddy y Luz, irradian una emoción única y al tomar las palabras que uno de los sacerdotes expresó reflexionaban, si se duplica la presencia de esta comunidad qué será y que hará nuestro bebé…. ¡Vieron!  la burbuja no nos aisló en absoluto y podríamos decir que excedimos el número, el pequeñito que esta en el vientre pasó disimuladamente.

Y por supuesto, en la burbuja, la hermana que lleva 30, la que lleva 15 y la que hace muy poco forma parte de esta comunidad. Mujeres con experiencias diversas, comprometidas, entusiastas que se saben acompañadas por el pueblo, se sienten y reconocen sostenidas por tantas y tantas personas. Tantos que solo con los nombres que ellas presentaron, esta burbuja superó los límites autorizados.

Lo único que brota del corazón es dar gracias por todo lo que Dios nos ha permitido vivir desde el primer momento en que llegamos aquí, gracias porque este compromiso visible en nosotras es posible porque hay toda una congregación custodiando la opción y al decir congregación no solo nos remitimos a hermanas sino que miramos a cada uno de nuestros hermanos laicos que nos despiertan para que vivamos con sentido profundo y testimonio audaz esto de custodiar la vida de los más vulnerados en esta tierra.

Ya ven, en nuestro caso no fue el chapoteo por los arroyos o el asomarnos a un charco, aunque créanme que en varias ocasiones lo hemos experimentado pero este día fue un sumergirnos al corazón, descubrir al creador y lo maravilloso de su obrar en nosotras y en cada persona, ¡sí! lo hermoso en aquel indígena que vimos, al que visitamos, al que asistimos, lo bello en aquel niño que trasladamos hasta el centro de salud, lo bonito que surgía al contemplar esa familia que con escasos recursos luchaba para dar lo mejor a sus hijos, lo maravilloso en la de la entrega de tantas hermanas y lo inspirador que es el   compartir un mismo querer: seguir, como comunidad, haciendo camino. ¡sí! este fue nuestro chapoteo, pasar por la vida dejando que las burbujas de la esperanza nos impulsen a seguir caminando, abrazando la historia, pero proyectando, se trató de un atrevernos a soñar entre los que vienen de aquellos años con quienes formamos las nuevas generaciones…

Gracias comunidades indígenas, gracias a lo que forman parte de la Escuela Agropecuaria, gracias comunidad parroquial, gracias familia palautiana, gracias a esta comunidad, gracias Paso Yobai ¡Gracias Dios por bendecirnos tanto en cada uno de estos, nuestros hermanos!

Comunidad “Tupasy Renda”

Carmelitas Misioneras Teresianas

Paso Yobai, Paraguay.

 

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