Después un encuentro privado con el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, el Papa se desplazó hasta la Basílica del Getsemaní. Allí se reunió con seminaristas, sacerdotes y religiosos de Tierra Santa, que lo recibieron entre aclamaciones y aplausos.
Ante la roca en la que, según la tradición, Jesús rezó angustiado momentos antes del prendimiento, Francisco reflexionó sobre la actitud de sus discípulos ante el sufrimiento de su Maestro.
FRANCISCO
“Nos hará bien a todos nosotros, obispos, sacerdotes, personas consagradas, seminaristas, preguntarnos en este lugar: ¿Quién soy yo ante mi Señor que sufre?”.
Mientras Jesús reza angustiado unos discípulos duermen, otros huyen y Pedro lo niega porque tiene miedo.
Recordando el ejemplo de la Virgen María o el apóstol Juan, Francisco señaló que para no abandonar a Jesús ante las dificultades la clave está en su amistad.
FRANCISCO 
“La amistad de Jesús con nosotros, su fidelidad y su misericordia son el don inestimable que nos anima a seguirlo con confianza, a pesar de nuestras caídas, nuestros errores y nuestras traiciones”.
Por eso el Papa dijo que aunque uno se sienta frágil, nunca debe perder la fe en Jesús porque siempre estará a su lado.
Al final de su discurso, Francisco también lanzó un mensaje de ánimo a loscristianos de Jerusalén.
FRANCISCO
“Me gustaría decirles que los recuerdo con afecto y que rezo por ellos, conociendo bien las dificultades de su vida en la ciudad. Les exhorto a ser testigos valientes de la Pasión del Señor y de su Resurrección, con alegría y en la esperanza”.
Al salir de la basílica y antes de presidir la Misa en el Cenáculo, Francisco plantó un olivo, tal y como hizo Pablo VI en 1964. Sólo que en esta ocasión el olivo, llegó en manos de un argentino.
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