Estas flores no tienen olor, pero embellecen el jardín, y juntas a las odoríferas, suplen lo que a éstas falta, y por lo mismo que no reúnen en sí todas las perfecciones de una flor, no sirven más que para adorno en nuestros ramilletes y jardines.

La veracidad es una virtud que consiste en presentarse delante de los hombres en dichos y hechos tal como uno es en sí. Se le opone la mentira y la hipocresía. La afabilidad es una virtud por la que el hombre se conduce de un modo digno y decoroso con los demás en su trato y comunicación. La amistad es otra virtud de la justicia, por la que un amigo guarda para con el otro los secretos y las confidencias, lealtad y fidelidad. La liberalidad es una cualidad buena que mueve a guardar un justo medio entre la disipación de los bienes y su retención y acumulación.

¿Eres veraz? En el trato con los demás hombres ¿eres blando, dulce y afable? o bien ¿eres feroz, bárbaro, cruel, de mala gracia, iracundo, embustero, hipócrita, infiel, traidor? ¿guardas con los amigos fidelidad? o bien ¿abusas de sus secretas confidencias? En la administración de los bienes de fortuna ¿eres avaro o pródigo? Piénsalo bien, medítalo bien. María te pide hoy estas flores; cógelas, y al entregarlas dile:

Recibid, Señora, estas flores
como una muestra de mi veracidad,
de mi afabilidad y de mi liberalidad.
Yo os prometo ser en adelante veraz,
afable, tratable y liberal.
Aceptad, Señora, estos mis votos,
y haced que se cumplan en mí y por mí.

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