“Vive unida con Dios y cuida que nada turbe tu corazón” (Padre Palau ocd)

Con gran alegría y entrega se llevaron a cabo dentro los primeros días de Enero las misiones en Tierras Blancas, Chile. Pudimos acompañar, junto a las hnas. Angélica y Cindy, a los jóvenes de la Pastoral de la Capilla Francisco Palau en las actividades que se realizan junto a los niños, jóvenes y adultos pertenecientes a dicha capilla.

También compartimos con los jóvenes de Misión País, cuya misión se realizó en compañía de la comunidad de la capilla Nuestra Señora de Guadalupe. El día de misiones iniciaba con una oración de envío, luego en grupos y acompañados de las hermanas y miembros de la comunidad iban al “puerta a puerta”, donde se compartía la vida a través de conversaciones fraternas, oración, cantos, bailes, pie de cueca, etc.

Durante las tardes, se realizaban los talleres para niños y jóvenes, que consistían en dibujar, bailar, cantar, jugar, etc, y para los adultos se generaron momentos de conversación, donde también pudieron elaborar un rosario a la luz de la oración. Paralelamente se dedicaron a realizar una “Gruta” en la plaza ubicada frente a la capilla. A lo largo de los días se pudo vivir diferentes momentos, dentro de ellos la Eucaristía, el santo Rosario y un momento de adoración dirigido por los miembros de la comunidad de la capilla.

Los jóvenes de la pastoral juvenil de la Capilla Francisco Palau aún continúan realizando talleres, sin embargo, los jóvenes de Misión País culminaron los días de misión el día 12 de enero con una procesión acompañada de bailes, cantos y oración del Rosario, que finalizó con la bendición de la “Gruta” que ellos mismos construyeron. Fue un día de mucha alegría, donde la comunidad se mostró muy agradecida por medio de gestos hermosos, creativos y mucha dedicación.

Para mí fue sin duda un tiempo de experiencia que me hizo ser testigo del amor del Corazón de Jesús a quienes, con libertad, entusiasmo y gran disposición, de la mano de la Virgen del Carmen, desean llevar el amor misericordioso de Jesús.

Fueron días de conocer la misión que llevan a cabo las hermanas en la comunidad, la presencia de Dios en sus vidas y testimonios vocacionales, su entrega generosa a todos quienes comparten con ellas, misión de la cual estoy tremendamente agradecida de poder conocer, pues también me permitió ir palpando el amor de Jesús en mi vida, confrontando mis inquietudes y sin duda me enseñó a ser más humana, fraterna, orante, humilde, entregada, misionera, cercana y alegre. Finalmente, solo queda agradecer por tanto en estos días y por la hermosa acogida de la comunidad de las hermanas carmelitas misioneras teresianas y de Tierras Blancas.

Flavia Valenzuela